Jorge Gil: “La deuda pública empuja a Chubut hacia la minería”
«El endeudamiento es una llave que empuja la minería»: el crudo diagnóstico de Jorge Gil sobre la deuda del Chubut
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El contador y exrector de la Universidad Nacional de la Patagonia, Jorge Gil, advirtió que Chubut podría llegar al año 2030 con una deuda de 1.000 millones de dólares, en un contexto de reservas petroleras cada vez más escasas y de mayor costo de extracción. Según el economista, ese escenario podría terminar habilitando por la puerta de atrás lo que la provincia rechazó en las urnas: la megaminería a cielo abierto.
En diálogo con el programa «Alguien tiene que querer» con Rodrigo Mansilla, Gil sostuvo que el problema de fondo no es el endeudamiento en sí, sino la ausencia de una planificación que oriente esos recursos hacia infraestructura social y productiva. «La deuda pública se justifica en la medida en que sirva de base para infraestructura social», explicó, y advirtió que en Chubut ocurre lo contrario: se financian con deuda pública obras que en rigor deberían solventarse con la propia renta petrolera, como el mantenimiento de la ruta entre Comodoro Rivadavia y Sarmiento.
La «maldición» del recurso que se agota
Gil describió a Comodoro Rivadavia atravesando una «doble pinza de recesión»: por un lado, el repliegue de YPF como actor central de la producción local; por otro, la recesión general del comercio y la industria. La ciudad, dijo, históricamente funcionó como motor de un derrame económico hacia otras localidades de la provincia gracias a los ingresos extraordinarios de la actividad petrolera. Hoy, con el recurso natural en retroceso, esa lógica se agota y golpea de lleno la economía ciudadana.
El exrector fue categórico al señalar que buena parte del endeudamiento provincial termina garantizado por regalías petrolíferas, es decir, la provincia compromete producción futura para sostener sus compromisos financieros. Recordó que este año Chubut. la gestión de Ignacio Torres se endeudó en 650 millones de dólares en abril, a una tasa que calificó de elevada frente a alternativas de financiamiento internacional más económicas disponibles para obras como el acueducto de Comodoro Rivadavia, la ruta 40 o el nuevo hospital —obligaciones que, remarcó, son de carácter nacional y no provincial.
«Hay un huevo de la serpiente en esto», graficó Gil sobre el origen del actual nivel de endeudamiento, y cuestionó que la toma de deuda se presente públicamente «como un éxito, como un festejo, como un champagne», cuando en los próximos dos o tres años empezarán a concentrarse los vencimientos de capital.
El fantasma de la minería
Uno de los puntos más fuertes de la entrevista fue la relación que Gil trazó entre el ahogo financiero provincial y la posibilidad de reabrir el debate por la megaminería, pese a que —según describió— el «no a la mina» es una decisión política ya asumida por el pueblo de Chubut. Para el economista, la falta de nuevos hallazgos petroleros o de una apertura offshore (que calificó de «muy difícil»), sumada a reservas convencionales en baja calidad que exigirán recuperación terciaria —más costosa por el uso de productos químicos y tecnología—, podría abrir la puerta a que la actividad minera aparezca como la única alternativa de ingresos genuinos frente a los acreedores financieros. «Ante el pueblo, el gran capital va a decir: señores, lo único que tienen para explotar es minería a cielo abierto», advirtió, y aclaró que se trata de una hipótesis propia que «habrá que falsear y probar», no de un hecho consumado. En sus palabras, el endeudamiento actuaría como «una llave que empuja la minería», que llegaría no por una decisión de desarrollo planificado sino «por emergencia» financiera.
«Una vez que uno mordió el anzuelo»: ¿cómo se desactiva la bomba de la deuda?
Consultado sobre si la situación financiera de la provincia constituye una «bomba» y cómo podría desactivarse, Gil fue cauto: «Desactivarla es muy compleja, es una misión imposible», ironizó, aludiendo a la saga de películas. Para el contador, una vez tomada la deuda las opciones son limitadas y la más razonable pasa por abrir una negociación de largo plazo, partiendo de una premisa central: los acreedores financieros, dijo, no están tan interesados en cobrar el capital adeudado como en que se les garantice el pago de los intereses.
En ese marco planteó dos caminos posibles y no excluyentes para la provincia: aplicar esquemas tributarios más fuertes sobre los «polos de concentración» económica —mencionó específicamente a Madryn, YPF (aunque aclaró que la petrolera estatal ya redujo su peso en la provincia), PAE, Panamerican y Vista en Comodoro, y también a la empresa que opera en Futaleufú— o, si no prospera la vía impositiva, avanzar hacia un «endeudamiento forzoso» de largo plazo y bajo interés a cargo de esas mismas empresas, como condición para renovarles las prórrogas de sus contratos de concesión, algo que según Gil «cada gobierno que llega, los buenos, los malos y los peores» termina negociando. Sobre el rol social que deberían asumir estas compañías —citó también a Benetton— fue específico: «Tienen que ser responsables financieramente, pero no en el sentido de hacer una piletita de natación o cuidar el jardín de la esquina de algún barrio», sino sostener con el Estado un verdadero proceso de planificación.
Gil advirtió además sobre un mecanismo que, dijo, agrava la dinámica de la deuda bajo el actual modelo económico: el anatocismo, es decir, el cálculo de intereses sobre intereses ya capitalizados, que hace crecer la deuda de forma progresiva. Para el economista, este círculo se explica porque la dirigencia política «se asume como administrador» de los poderes económicos constituidos y no como un actor que busque torcer esa lógica.
Sobre si esta dinámica de «no reacción» social frente al endeudamiento es nueva, Gil trazó un paralelo con la gestión de Mario Das Neves/Mariano Arcioni: sostuvo que tampoco allí hubo una reacción inmediata, aunque remarcó una diferencia de fondo con el presente —en aquel momento, dijo, ni el contexto de mercado ni la situación política permitían resolver la crisis por la vía del endeudamiento, y la salida fue un reperfilamiento de la deuda, una figura financiera distinta a la actual. Mansilla acotó que Chubut acumula hoy 1,39 billones de pesos de deuda, con el 90% nominado en dólares, y que el ajuste social «no rebota hasta que no toca el bolsillo» —hasta que, por ejemplo, el propio Estado provincial empieza a pagar los sueldos de forma escalonada.
Créditos a empleados públicos: el problema de la usura y la luz amarilla sobre el Banco del Chubut
Mansilla le consultó por el anuncio del gobierno provincial de eliminar los descuentos automáticos de haberes para créditos personales de empleados públicos contraídos con mutuales u otras entidades, y por la posibilidad de que el Banco del Chubut cumpla un rol para unificar esas cuotas. Gil planteó primero un principio general: así como la tasa de interés de un bono garantizado con regalías petrolíferas debería ser menor que la de uno sin esa garantía, un préstamo personal con descuento de sueldo asegurado debería tener una tasa menor que uno sin esa garantía. En la práctica, sin embargo, dijo que esto no ocurre y que existe «un amplio campo de usura».
Por eso, no calificó como desacertada la decisión del gobierno provincial, aunque advirtió sobre un riesgo concreto: que las empresas prestamistas —dijo, sin nombrar una en particular— reaccionen ejecutando con mayor fuerza a los garantes y codeudores de esos créditos, generando «gastos causídicos» (judiciales) muy fuertes para los deudores. Tampoco vio como irrazonable que un banco estatal salga en apoyo de esta situación, «en la medida en que ese banco estatal no deteriore sus propias cuentas internas».
Y ahí marcó el problema: el Banco del Chubut cerró su balance 2025 con un quebranto superior a los 4.300 millones de pesos, según cita el informe de la calificadora Fix, con una cartera «plagada de créditos problemáticos». Para Gil, este tipo de préstamos no contribuye a elevar el nivel económico general de la provincia sino que cumple una función social —»y está bien que sea así»— pero advirtió que, en los hechos, el banco está siendo usado también «como una forma de canalizar quebrantos individuales».
La salida, según Gil: planificación y gravar la renta extraordinaria
Para el economista, Chubut no necesita solamente estar «bien administrada»: necesita un plan de desarrollo «coherente y lógico» que atienda a los cuatro estadíos territoriales de la provincia (mencionó como ejemplo a la cordillera, Madryn y Trelew, además de la cuenca petrolera de Comodoro) y no deje que sea únicamente el mercado el que decida dónde invertir — porque, advirtió, si la decisión queda librada al mercado, este va a optar por Vaca Muerta antes que por Comodoro, dado que allí las empresas obtienen un plus de beneficio hasta el triple.
Insistió en que la salida pasa por fortalecer esquemas tributarios sobre las empresas que concentran la renta extraordinaria en la provincia, o, en su defecto, avanzar hacia mecanismos de endeudamiento forzoso de largo plazo hacia ese mismo sector, como condición para renovar las prórrogas de concesión que las petroleras negocian sistemáticamente con cada gestión de gobierno.
«No veo en el tren del neoliberalismo otra cosa que mayor endeudamiento, cada vez más caro y más fácil de acceder», cerró Gil, en una entrevista que dejó planteados varios de los interrogantes que atraviesan hoy la economía chubutense.
Entrevista completa disponible en el canal de YouTube @rodrigomansillanoticias, en el programa «Alguien Tiene Que Querer».



