Roberto Alvarez: «Se pierde la articulación republicana y el diálogo»
A 50 años del golpe, el obispo de Rawson advirtió sobre la fragilidad democrática y el crecimiento de la desigualdad
En el marco de una reflexión a cinco décadas del Golpe de Estado de 1976 en Argentina, el obispo de la Diócesis de Rawson, Roberto Álvarez, planteó la necesidad de “hacer memoria” para evitar repetir errores del pasado y alertó sobre signos de deterioro democrático y social en la actualidad.
Durante una entrevista en el programa Invencibles, Álvarez sostuvo que la reflexión impulsada por la Iglesia se apoya en documentos recientes y en el mensaje del Papa Francisco, especialmente en su encíclica Fratelli Tutti, donde se insiste en la importancia de recordar la historia para comprender el presente.
Memoria, democracia y polarización
El obispo recordó su propia experiencia durante el retorno democrático y expresó cierta “nostalgia” por aquel clima de esperanza. Sin embargo, advirtió que hoy la democracia parece haber quedado reducida a lo meramente electoral.
“Se la limita a votar cada dos o cuatro años, pero se pierde la articulación republicana y el diálogo”, señaló, al tiempo que cuestionó la creciente polarización: “Se extreman las posiciones, todos creen tener la verdad y el otro pasa a ser un enemigo”.
En ese sentido, remarcó que esta dinámica no es exclusiva del país, sino parte de un fenómeno global que también se refleja en discursos cada vez más violentos.
La democracia y los más vulnerables
Álvarez hizo especial hincapié en la dimensión social de la democracia, subrayando que su legitimidad no se agota en las instituciones, sino en la inclusión.
“Se vuelve fraudulenta cuando deja a muchos afuera”, afirmó, y remarcó que el verdadero desafío es pensar siempre en los sectores más frágiles.
En ese contexto, expresó preocupación por la situación económica actual, marcada por el desempleo, el aumento del costo de vida y el impacto de tarifas y servicios en los sectores más vulnerables.
Si bien reconoció que la baja de la inflación es un dato positivo, advirtió que no alcanza si no se traduce en mejoras concretas en los ingresos y en el acceso a bienes esenciales como alimentos, medicamentos o energía.
Desesperanza y pérdida de horizonte
Desde su mirada pastoral, el obispo señaló un fenómeno que considera preocupante: la pérdida de esperanza en amplios sectores de la sociedad.
“Hay una gran masa que está estancada, con mucha sobreexigencia y sin poder salir de lo mínimo”, describió, al tiempo que mencionó situaciones concretas que observa a diario, como las dificultades para acceder a leña o calefacción ante la llegada del frío.
En ese sentido, advirtió sobre el impacto simbólico de algunas decisiones económicas: “No es solo el golpe al bolsillo, sino lo que percibe el más pobre cuando se anuncian recortes en momentos críticos”.
Diálogo político y construcción colectiva
De cara al futuro, Álvarez planteó la necesidad de construir consensos amplios que permitan superar la lógica de confrontación.
“Este país se arregla sentado a una mesa, sumando miradas distintas sin que nadie sea tratado como enemigo”, afirmó.
Propuso combinar políticas de orden macroeconómico —como el control de la inflación— con estrategias de desarrollo productivo y una fuerte mirada social.
Medio ambiente y participación
Consultado sobre el debate en torno a la protección ambiental y la participación ciudadana, el obispo valoró la necesidad de escuchar a las comunidades, especialmente en regiones donde el acceso al agua es un tema crítico.
En ese marco, consideró que las decisiones deben contemplar una mirada federal y respetar mecanismos de participación, en línea con acuerdos internacionales.
Semana Santa y mensaje final
Finalmente, en vísperas de Semana Santa, Álvarez convocó a la comunidad a reencontrarse con la fe y reflexionar sobre valores como la empatía y el cuidado del otro.
“Nos ponemos detrás de alguien que prefirió morir antes que dañar a otros. Ojalá la política y la economía aprendieran de eso”, concluyó.


