Álvarez alertó por las adicciones y apuestas en menores
Obispó alertó por el acceso de menores a las drogas: “Falta una estrategia clara para que no haya venta”
El obispo Roberto Álvarez advirtió sobre el avance de las adicciones, el juego online y la exposición temprana a las pantallas entre niños y adolescentes. En diálogo con Rodrigo Mansilla en Alguien Tiene Que Querer, planteó que las instituciones deben revisar sus estrategias de prevención y sostuvo que, frente al acceso a las drogas, existe una fuerte tarea de contención de las consecuencias, pero falta una estrategia articulada para reducir la oferta.
El disparador fue el diagnóstico realizado días atrás por la médica pediatra Sofía Testino (MP 2618) en el ciclo de pódcast Hoy Hay Charla. La profesional había advertido sobre una mayor presencia de problemas de salud mental, autolesiones y consumo de sustancias entre niños y adolescentes, con situaciones que pueden comenzar desde los 11 años.
El tema fue abordado por el obispo Roberto Álvarez durante la entrevista con Rodrigo Mansilla por el canal de YouTube @rodrigomansillanoticias, donde analizó la problemática desde la experiencia de la Iglesia y particularmente del trabajo desarrollado por los Hogares de Cristo.
Consultado sobre esa realidad desde la experiencia de la Iglesia y particularmente del trabajo de los Hogares de Cristo, Álvarez reconoció que las instituciones enfrentan un escenario complejo.
“Se nos han quemado los papeles a la hora de trabajar con la niñez y con la adolescencia”, afirmó.
“Agarramos a los jóvenes con situaciones de adicciones ya asentadas”
Álvarez explicó que el trabajo que desarrollan actualmente les permite encontrarse con jóvenes cuando el consumo problemático ya lleva un recorrido previo. “Nosotros en los hogares agarramos ya a los jóvenes con situaciones de adicciones ya asentadas”, señaló.
A partir de esa experiencia, planteó la necesidad de observar qué sucede mucho antes, durante la niñez.
“Uno descubre que no hemos sabido trabajar desde la niñez aquellas tendencias a desarrollar personalidades adictivas, o sea, que tengan focos de atención que terminen siendo adictivos”, sostuvo.
Para el obispo, esa discusión no puede limitarse exclusivamente a las drogas. Allí incorporó la utilización de celulares, redes y otras pantallas desde edades muy tempranas. “Hoy vemos a los chicos infinidad de horas frente a una pantalla”, describió.
Álvarez señaló que detrás de esa situación muchas veces existe una decisión de los propios padres vinculada con la seguridad.
“Posiblemente atrás haya la buena intención y el miedo de los padres que te dicen: ‘Prefiero que esté acá en casa, que yo lo veo, lo puedo mirar, porque me da miedo la calle, porque me da miedo lo que oigo de grupos de amigos’”.
Pero inmediatamente planteó la contracara: “Como si el miedo no estuviera en la pantalla”.
Según sostuvo, actualmente a través de esos dispositivos pueden ingresar riesgos que anteriormente se asociaban principalmente con el espacio público. “Hoy en día en la pantalla le toca la puerta a un chico o a un adolescente infinidad de peligros mucho más grandes que lo que tiene con sus vecinos”, advirtió.
“¿Cómo sacás a un chico de la casa?”
Álvarez reconoció que esta nueva realidad también obliga a modificar las estrategias de las instituciones que históricamente trabajaron con niños y jóvenes.
“Hoy pareciera que la adicción a la pantalla desde chiquitos, de uno o dos años en adelante, está generando cambios abismales en nuestras propuestas”, sostuvo.
El obispo mencionó como ejemplo los oratorios y grupos juveniles y reconoció que actualmente alcanzan solamente a una porción reducida de los chicos. La pregunta, dijo, es cómo volver a generar espacios de encuentro.
“¿Qué lo saca hoy a un chico de la casa? ¿Cómo lo sacás a un chico de la casa para que vuelva a hacer la experiencia del tú a tú y del roce del cuerpo y del riesgo del vínculo directo? Es tremendo tener esa pregunta”.
Dura crítica a las apuestas online
Dentro de ese escenario, Álvarez dedicó un tramo especial a la expansión del juego online entre menores. “La irresponsabilidad del juego online en manos de chicos es de un nivel de mercenarios que uno no puede creer”, cuestionó.
Y profundizó: “La gente que estructura eso y que lo propone en las redes y en esto y aquello no tiene ni hijo ni nieto, porque si no, no puede querer que pase eso”.
Para el obispo, el componente económico ocupa un lugar determinante detrás de estas plataformas. “El vil metal, dinero”, resumió.
Marihuana, cocaína y alcohol
La entrevista avanzó posteriormente sobre el acceso de los menores a sustancias, otro de los puntos que había planteado Testino al describir situaciones que llegan actualmente a la atención pediátrica.
Álvarez mencionó “todo el abanico de la droga”, desde la marihuana hasta la cocaína, aunque puso especialmente el foco sobre una sustancia legal y socialmente naturalizada.
“Sin olvidar, por supuesto, el alcohol, que siempre para nosotros sigue siendo la puerta de entrada”.
Sin embargo, cuando Mansilla planteó que posiblemente los chicos tengan un acceso todavía más rápido al alcohol, el obispo introdujo un matiz.
“No sé si es más rápido los chicos hoy el alcohol que la marihuana”.
Álvarez explicó por qué: “Parece que también la propuesta y la oferta de marihuana o de cocaína es muy cotidiana y es muy fácil”.
Incluso graficó la situación con una comparación: “Posiblemente a un chico le cueste mucho más entrar una latita de algo que una bolsita de algo en un colegio o estar en la puerta”.
La normalización del alcohol
Más allá de la facilidad de acceso a otras sustancias, Álvarez insistió en el papel del alcohol por su presencia cotidiana y su aceptación social. “Sí sé que es la puerta”, afirmó y remarcó que el problema aparece cuando el consumo forma parte del paisaje habitual que observa un niño dentro de su propio entorno.
“Un chico lo tiene normalizado en su casa, con sus padres, vecinos y amigos, chupando desde un sábado mediodía hasta el domingo tarde”.
Para Álvarez, esa conducta tiene consecuencias sobre la manera en que los menores construyen sus primeros hábitos.
“Un chico aprende sus primeros hábitos de cualquier cosa en el ambiente que respira”.
En ese contexto, señaló que también puede terminar naturalizándose ver adultos alcoholizados durante horas, prácticamente inconscientes o con fuertes alteraciones producto del consumo.
¿Cómo se frena la llegada de drogas a los chicos?
La entrevista llegó entonces a una pregunta directa: ¿cómo se puede frenar la llegada de la droga a niños y adolescentes? La primera respuesta de Álvarez fue contundente: “Imparable”. Y a partir de allí, diferenció las tareas que desarrollan las organizaciones de la sociedad civil de las responsabilidades que corresponden al Estado.
“Nosotros en general, hasta el Estado, invierte en medir las consecuencias y no en trabajar muchísimo con que no haya más droga en la calle”.
Álvarez consideró que existe un importante trabajo destinado a acompañar a quienes ya atraviesan situaciones de consumo y también acciones preventivas, pero observó una debilidad en otro eslabón.
“La parte de policía, la parte de buscar los narcos y todo lo demás, está más desdibujada que todo lo que significa la sociedad civil haciendo redes y conteniendo las consecuencias de la droga”.
El obispo remarcó que las organizaciones pueden contener, acompañar y construir redes, pero no cuentan con herramientas para intervenir directamente sobre la oferta de sustancias.
“Es el preventivo y las consecuencias, pero la parte de una estrategia clara para que no haya venta, para esto y aquello, esa por supuesto que trasciende a la sociedad civil”.
Y agregó: “No sé si estamos tan convencidos de algo articulado y bien sistemático”.
“La solución pasa por la calidez del vínculo humano”
Aunque una parte importante de la entrevista estuvo dedicada al diagnóstico, Álvarez también habló de las posibles respuestas.
Para explicarlo recurrió a la experiencia del Operativo Frío en Trelew, que comenzó el 15 de mayo.
El obispo relató que el trabajo no se limita a brindar un lugar para dormir, sino que intenta reconstruir aspectos básicos del vínculo humano: conocer el nombre de cada persona, compartir una mesa, mantener una cama propia dentro del espacio, bañarse, merendar, mirar televisión o cantar juntos.
“Lo poquito tiene que ver con la humanización del vínculo”, explicó.
Desde esa experiencia trasladó el concepto hacia el trabajo con niños y adolescentes. El obispo remarcó que “seguramente la solución pasa por la calidez del vínculo humano, de volver a recuperar dimensiones donde nos miramos, conversamos, proponemos”.
Reconoció, sin embargo, que convocar actualmente a los chicos requiere revisar las herramientas tradicionales.
“Es más difícil”, admitió, y señaló que las propuestas lúdicas y recreativas deben ocupar un lugar importante si se pretende reconstruir espacios de encuentro.
Limitar el celular en las escuelas y también en las casas
Álvarez también se mostró favorable a las iniciativas que buscan restringir el uso de celulares durante la jornada escolar.
“Está bueno esto que uno lo va viendo en los colegios, en la provincia también, que no tengan los celulares en los colegios”.
Pero consideró que la responsabilidad no termina en la escuela. Indicó que “después, como una práctica en las familias, regular los tiempos y las horas de acceso a las redes y al celular también”.
El obispo comparó este proceso con otros cambios tecnológicos frente a los cuales las familias fueron aprendiendo progresivamente a establecer límites después de detectar determinadas consecuencias.
Un problema que excede a una sola institución
El diagnóstico de Álvarez se sumó así al que Testino había planteado desde la atención pediátrica.
Mientras la médica había advertido sobre consumo desde edades tempranas, autolesiones, problemas de salud mental y situaciones sociales cada vez más complejas, el obispo puso el foco sobre lo que ocurre antes y después de esos casos: la exposición temprana a comportamientos potencialmente adictivos, las apuestas online, la naturalización del alcohol, la facilidad de acceso a marihuana y cocaína y las dificultades para reducir la circulación de drogas.
Su planteo también dejó una diferenciación entre dos planos: por un lado, el trabajo de las organizaciones que construyen redes para prevenir y contener las consecuencias; por otro, una tarea que considera pendiente y que excede a la sociedad civil.
“Una estrategia clara para que no haya venta”.
En ese punto quedó concentrada una de las principales advertencias de la entrevista: la necesidad de intervenir antes de que las adicciones estén instaladas, pero también de discutir cómo reducir la oferta que hoy encuentran niños y adolescentes.




