Chubut: «Se van a necesitar pilotos de tormenta»
Damián Biss habló de fórmula «disruptiva», de concertación y se posicionó para el 2027: «Se van a necesitar pilotos de tormenta»
El intendente de Rawson reconoció que la posibilidad de una fórmula con Luque es «disruptiva» porque refleja un nivel de transversalidad política que hace cuatro años era impensable. Sin confirmaciones ni desmentidos tajantes, abrió la puerta a una concertación amplia, dijo que a nivel provincial «hay mucho para aportar» y advirtió que quien gobierne Chubut desde 2027 va a heredar una tormenta financiera. La UCR, el gobierno de Torres y su propio futuro, en el centro de una entrevista de hora y media que dejó más preguntas que respuestas.
«Disruptivo»: la palabra que lo dice todo sin decir nada
La pregunta era sencilla, casi de almanaque político: ¿por qué se armó tanto quilombo por el rumor de una fórmula entre Luque y Biss? La respuesta del intendente de Rawson fue, en cambio, cargada de significado. Una sola palabra: «disruptivo».
«Porque es disruptivo, quizás. Algo que quizás hace tres o cuatro años atrás sería imposible imaginar. Pero hoy tenés un nivel de transversalidad en la política».
Biss no negó la posibilidad. No la confirmó tampoco. Aclaró que no está «confirmando nada» y que eso «queda absolutamente en claro, fundamentalmente para los títulos». Ratificó que no es tiempo de candidaturas. Pero acto seguido desplegó un análisis político que, leído con atención, explica exactamente por qué esa hipótesis ya no suena tan descabellada como antes.
El argumento es el siguiente: si La Libertad Avanza puede tener en su boleta a Menem, Scioli, Bullrich y ex dirigentes del PJ; si Despierta Chubut puede llevar como candidato a un histórico gremialista justicialista como Loma Ávila; si el gabinete provincial está plagado de figuras de extracción peronista; si radicales como Pagliaroni, Cáceres y el concejal de Trevelin, Tegid Evans, se van a La Libertad Avanza sin que nadie los detenga… entonces la foto Luque-Biss no es ningún escándalo. Es una consecuencia lógica de la época.
«Hay una transversalidad en la política que por ahí habilita cosas que antes no se veían como raras. Tenés radicales en La Libertad Avanza, por ahí el oficialismo partidario no lo quiere reconocer».
Y fue más lejos: mencionó un movimiento que estaría gestándose a nivel nacional, que mezclaría un sector del peronismo no kirchnerista con un sector del radicalismo. «Viene muy mezclada la cosa», dijo, sin dar más detalles. Suficiente para que la imaginación política hiciera el resto.
De «Mileirista» a «Luquista»: la historia de un hombre pegado a todos
Biss tiene registro de su propio historial de asociaciones involuntarias. Las enumeró con una mezcla de ironía y cansancio.
«Pasaron dos años, pasé de ser Mileirista, Treffingerista, Luquista, no sé. Cada vez que aparece alguno que tiene aspiraciones a nivel provincial, siempre aparezco pegado yo».
El chiste llegó cuando el conductor mencionó a Dante Gebel y preguntó si lo había llamado. «¿Y Gebelistas serías?». Biss se rió. «Claro». No lo llamó.
Detrás de la anécdota hay una lectura política más seria que el intendente ofreció con precisión quirúrgica: los mismos radicales que militaron junto a él la candidatura de Loma Ávila —un dirigente del PJ— hoy lo señalan con el dedo por tener relación con Luque. La pregunta que dejó flotando fue directa:
«¿Con qué autoridad un dirigente o un militante del oficialismo del radicalismo te va a venir a señalar con el dedo, con el nivel de transversalidad que hay?»
La respuesta, evidentemente, es ninguna.
Luque: gestión, pandemia y una amistad que la política no inventó
El origen del vínculo con Juan Pablo Luque, diputado nacional del peronismo, tiene una explicación concreta que Biss fue a buscar a la historia reciente. No es una alianza política. Es, en todo caso, una relación forjada en la urgencia sanitaria más grave de las últimas décadas.
«Vos calculá que los intendentes que fuimos intendentes del 2019 al 2023, atravesamos la pandemia juntos, nos reuníamos casi todos los días para evaluar medidas, restricciones, apertura de actividades comerciales. Cuando Juan Pablo era intendente de Comodoro, y yo era de Rawson, casi todos los días o día por medio teníamos charlas y tomamos decisiones juntos».
Ese vínculo es el que hace que hoy Luque sea alguien a quien puede llamar para gestionar obras y recursos para Rawson. Y también el que hace que unas declaraciones elogiosas del diputado hacia Biss sean leídas políticamente como el principio de una fórmula. «Me parece que quiso haber un aprovechamiento político de eso», dijo, refiriéndose a las pintadas que aparecieron en la ciudad.
Lo que también quedó claro en la charla es que Biss no discrimina a la hora de gestionar. Treffinger, del oficialismo, y Luque, del peronismo, están en la misma categoría: diputados nacionales a quienes llama cuando Rawson los necesita. Y al mismo tiempo dejó caer una crítica que pica:
«A mí jamás me llamó un legislador de Juntos por el Cambio para preguntarme qué necesito a la hora de armar un presupuesto nacional. Sin embargo, Eugenia Alianello, la ex diputada nacional de extracción justicialista, todos los años me llamaba a mí como intendente y me planteaba qué necesidades tenía Rawson.»
Resultado: la planta potabilizadora, las defensas costeras, la nueva terminal. Obras que llegaron gracias a una diputada del partido rival. Nunca gracias a alguien del propio espacio.
2027: «Pilotos de tormenta» y mucho para aportar
El tramo más político de la entrevista llegó cuando le preguntaron directamente si le interesaba integrar un binomio para la provincial. La respuesta fue lo más parecido a una declaración de intenciones sin serlo formalmente.
«¿Sin poner candidaturas? Yo creo que nosotros le podemos aportar a un futuro gobierno diálogo, consensos, una mirada propositiva de los temas, una mirada respetuosa de las instituciones, una mirada que implique que en la política para mí no hay enemigos, hay adversarios, pero no hay enemigos».
Antes, cuando le preguntaron si estaría en algún espacio en 2027, la respuesta fue directa: «Seguramente sí». Y completó la idea:
«Creo que nosotros demostramos en nuestra ciudad, contra todo pronóstico, que podíamos ser pilotos de tormenta. Creo que con ese objetivo hemos cumplido. Y creo que se vienen momentos en la provincia donde se van a necesitar pilotos de tormenta. Y ahí, independientemente del lugar que sea, creo que tenemos mucho para aportar».
¿En qué espacio? Ahí la cosa se pone interesante. Su deseo declarado es que el radicalismo encabece un proyecto propio. Lo dijo con claridad cuando le preguntaron si se sentía más cerca de una concertación con La Libertad Avanza o con el peronismo:
«Yo en principio me encantaría tener un proyecto que encabece el radicalismo, la misma intención que tuve en el 23. Sé que es difícil, sé que es complicado, pero me encantaría que el radicalismo pueda generar un liderazgo suficiente para poder encolumnar a todo el radicalismo de atrás. Y en un esquema frentista, sentarse en una mesa de negociación con un poquito más de poder».
«Sería lo ideal. Difícil, pero sería lo ideal», admitió.
El problema —que Biss no dijo pero está implícito en todo lo que sí dijo— es que el radicalismo de Chubut no parece estar en condiciones de producir ese liderazgo. El diálogo político dentro del frente está roto. La UCR pierde cuadros hacia La Libertad Avanza. La legislatura ya tuvo una fractura. Y el intendente de Rawson dice sentir que «en todo este tiempo no hemos sido escuchados».
La concertación: más que una fórmula, un diagnóstico de provincia
El concepto más cargado de la entrevista fue el de concertación. Biss lo usó varias veces y con distintos alcances. Cuando lo presionaron para que aclarara qué no descartaba, fue preciso:
«Acuerdos políticos. No estoy hablando de acuerdos electorales, pero la política se trata de eso».
El diagnóstico que construyó para llegar a esa conclusión fue el de una provincia estructuralmente complicada, con problemas que exceden cualquier gestión individual. La producción petrolera cae. La ganadería está retraída. Los parques eólicos perdieron impulso. La deuda se acumula. Y quienquiera que gobierne en 2027 va a heredar ese escenario.
«Cuando ves que hay un atraso en infraestructura muy importante, y yo no estoy responsabilizando a este gobierno, son problemas que vienen hace mucho tiempo, a veces te da que pensar de que hace falta una concertación. Tiene que haber un acuerdo político muy amplio entre todas las fuerzas para empezar a planificar a mediano y largo plazo».
La referencia a Alfonsín no fue casual. El conductor la trajo y Biss la abrazó. El fundador de la democracia moderna argentina intentó algo parecido con parte del peronismo. Falló por el sindicalismo. Pero la idea quedó como un norte. Biss no se compara con Alfonsín, pero sí reivindica ese espíritu de acuerdos que vayan más allá del color político:
«Cuando yo digo una concertación, un acuerdo muy amplio, estoy hablando de cosas que probablemente tengan ideas políticas públicas que tengan que sobrevivir más allá de una gestión. Como con el cambio de gestión a veces cambia el color político, tiene que haber acuerdos programáticos de mediano y largo plazo».
También tiró una lectura sobre el electorado que valida toda la lógica de la transversalidad: «La gente ya no es más River o Boca. Por ahí mira más los perfiles, las ideas, y en esos argumentos a veces encontrás que referentes de distintos partidos apuntan a cosas similares».
La UCR provincial: bronca, crítica y la decisión de no irse
En paralelo a todo lo anterior, Biss tiene que convivir con un partido que lo contiene sin contenerlo, con una conducción que toma decisiones con las que no acuerda y con una fractura legislativa que, dice, era evitable.
Su posición es incómoda: es el intendente más visible del radicalismo en Chubut, pero no ocupa ningún cargo partidario. Esa decisión fue deliberada: quería tener las manos libres.
«Por eso yo tomé la decisión de no participar, de tener las manos libres para poder decidir tranquilamente y poder opinar también de lo que uno cree que es mejor o peor para el partido».
Lo que ve desde afuera no le gusta. La ruptura del bloque legislativo la entiende como consecuencia directa de la falta de escucha interna:
«Me parece que lo de la legislatura se podía haber evitado con más diálogo, con más atención a las cosas que venían pasando. Y cuando vos tenés un problema, a veces el peor error que puede cometer una conducción es no reconocer esos errores, ser necio, creer de que tenés la verdad absoluta».
La pregunta inevitable era si podría llegar a irse del partido. La respuesta fue un no rotundo acompañado de condiciones:
«Me tiene que hacer mucho para que me vaya. Yo lo he dicho muchas veces, milito en el radicalismo desde que tengo 15 años, la mayoría de ese tiempo fue en el desierto absoluto, con malos resultados. Ahora que me toca tener una cuotita de representatividad, ¿me voy a ir?»
Sobre Merino, el único que expresó intenciones de presidir el partido, fue cuidadoso en la forma pero deslizó una duda de fondo: cree que va a tener las mismas dificultades que tuvo él. Ser intendente de una ciudad grande y presidente del partido al mismo tiempo es, en su experiencia, incompatible. «Y después también va a estar condicionado para tomar decisiones objetivas», dijo, en una frase que no necesita traducción.
El escenario financiero que hereda quien venga: «Va a ser muy complejo»
Biss no se guardó nada cuando habló de la deuda provincial. Advirtió que la cancelación anticipada del BOCADE tampoco pudo completarse porque algunos tenedores de bonos no aceptaron. Eso significa que la próxima gestión va a cargar con el nuevo bono de 650 millones, el del acueducto que estima en 240, y una porción del BOCADE que no pudo rescatarse.
«Va a ser un escenario muy complejo, en un escenario donde uno ve que la producción de petróleo, que repercute en regalías, también viene en caída en el corto plazo. La ganadería, que era una de las economías fuertes de la provincia, ya se ve muy retraída, casi no hay campos en producción».
No fue apocalíptico. Señaló que tomar deuda para infraestructura tiene sentido, pero que si ese dinero termina en gasto corriente, como ocurrió con más del 50% del BOCADE original, la provincia no habrá aprendido nada:
«Si esa toma de deuda es para gastos corrientes, para pago de salario, bueno, la verdad que no hemos entendido nada, no hemos aprendido nada de lo que pasó en el pasado».
Todo ese diagnóstico confluye en la idea del «piloto de tormenta» que Biss instaló como su marca de gestión y como su propuesta implícita para el futuro provincial. No lo dice de manera directa. Pero el mensaje es claro: alguien va a tener que hacerse cargo de un Chubut muy complicado, y él tiene experiencia en eso. (La nota sigue luego del video)
Biss, el radicalismo y Rawson: balance de una gestión, crítica a una conducción y un legado que quiere preservar
El intendente habló de su paso al frente del partido, de los problemas de la UCR con el bloque en la legislatura, de la advertencia que le hizo al vicegobernador Menna y de lo que construyó en Rawson. Un hombre que dice no querer candidaturas pero que describe con precisión todo lo que tiene para ofrecer.
«Socio fundador» del acuerdo que terminó con 20 años de peronismo
Antes de hablar del futuro, Biss hizo un balance del pasado reciente que no estuvo exento de orgullo. Describió la historia del radicalismo chubutense desde el 2003 como un largo desierto del que él se siente parte de la salida.
«El radicalismo después del 2003, después que perdió la provincia con Mario Neves, tuvo un proceso de casi 20 años de muy malos resultados, pésimos. Hemos llegado a salir tercero, cuarto. El PROVECH sacaba más votos que el radicalismo».
Esa caída libre empezó a revertirse en 2015, según su lectura. Y él estuvo ahí: generaron renovación en toda la provincia, pasaron de gobernar un solo municipio —Rada Tilly— a sumar Esquel y Rawson. Pero el momento cúlmine fue el acuerdo de 2023.
«La frutillita del postre fue el acuerdo del 2023, del cual me siento socio fundador, porque yo fui el que firmé por parte del radicalismo, que nos llevó a ser gobierno a nivel provincial. Romper una hegemonía del peronismo después de más de 20 años».
Sin embargo, ese proceso tuvo un costo personal que Biss reconoció con honestidad. Cuando era presidente del partido y quería competir internamente para encabezar la candidatura a gobernador —»más que un deseo personal, era un deseo grupal de muchos radicales que me habían depositado esa responsabilidad»—, los sectores del radicalismo que ya estaban comprometidos con el PRO lo atacaron:
«Me tildaron de accionista, que mis acciones tenían más que ver con un acuerdo con el gobierno que lo que yo realmente pretendía».
Cuando midió el nivel de compromiso de sus propios compañeros con el otro espacio, tomó la decisión de bajarse. Hicieron el acuerdo. El gobierno no peronista llegó. Y Biss quedó afuera de los cargos partidarios, pero adentro de la historia.
La deuda con el territorio: lo que le quedó pendiente como presidente del partido
El balance no fue solo victorioso. Biss señaló dos cosas que le incomodaron de su gestión como presidente de la UCR.
La primera: no pudo recorrer la provincia como antes. «Ser intendente insume mucho tiempo», explicó. Cumplió con llevar al radicalismo a un frente electoral exitoso, pero no le dio a esa responsabilidad partidaria la presencia territorial que requería.
La segunda incomodidad fue más política: ser al mismo tiempo precandidato a gobernador y presidente del partido lo puso en una posición que él mismo describió como incómoda. Por eso tomó la decisión de retirarse completamente de los cargos orgánicos.
«De hecho no soy delegado del Comité provincia, no soy delegado de la convención, no soy autoridad de mi partido a nivel local. Cien por ciento gestión, esperando a que mi partido tome las mejores decisiones».
Lo que llama la atención es que esa corrida de los cargos no vino acompañada de silencio. Al contrario: desde afuera, Biss observa, analiza y opina. Y lo que ve no le gusta.
La advertencia a Menna y la visión crítica sobre el partido
Hay una frase en la entrevista que pasó casi desapercibida pero que tiene peso específico: Biss dijo que muchos de los problemas políticos que enfrenta su gestión los atribuye a «una falta de contención y de representación» del partido radical. Y que eso se lo dijo al vicegobernador Menna.
«Se lo ha dicho el vicegobernador Menna, se lo ha dicho a algunos referentes que están muy involucrados en el armado interno».
No es una crítica anónima. Es una conversación que tuvo, con nombre y apellido, con uno de los hombres más importantes del gobierno provincial. La UCR —en su lectura— no está defendiendo los intereses de los intendentes radicales dentro del frente que ella misma ayudó a construir.
«Yo creo que hoy el partido necesita posturas más claras. Yo lo he planteado. Hay algunas incomodidades que han surgido».
El diagnóstico sobre la conducción del bloque legislativo fue igual de directo. La diputada Mariela Tamame que se fue no rompió con el radicalismo, aclaró. «Rompió con el Gobierno» y con decisiones internas de un bloque que además está mezclado con el PRO. El problema, según Biss, es que eso se podría haber evitado:
«Me parece que lo de la legislatura se podía haber evitado con más diálogo, con más atención a las cosas que venían pasando. Eso no se dio, ya ocurrió».
Y añadió algo que funciona como principio general de gestión, aplicado acá al partido: «el peor error que puede cometer una conducción es no reconocer esos errores, ser necio, creer de que tenés la verdad absoluta».
El plenario, Merino y la decisión de no ir en ninguna lista
El próximo plenario del radicalismo chubutense definirá la conducción del partido. Biss no va a competir por ningún cargo. Lo dijo antes, lo cumplió: no fue en ninguna lista, ni siquiera como delegado.
«Todos decían que yo iba a competir por el partido. Lo dije de antemano: yo no iba a ser candidato partidario a nada. Algunos amigos me decían, ‘che, pero para que eso sea realmente concreto no tenés que ir en ninguna lista’. Y bueno, tomé esa decisión, no fui a ninguna lista».
Rawson armó con lista Unidad. Pero el partido todavía no tomó una postura sobre el plenario que, según Biss, se hará después del Mundial. Cuando llegue ese momento, «con los que venimos hablando, definiremos qué postura tomaremos».
Sobre Gerardo Merino, el único que expresó voluntad de presidir el partido, fue medido en la forma y preciso en el contenido. No cuestionó su capacidad. Pero planteó una duda estructural:
«Me da la sensación de que puede llegar a tener las mismas dificultades que yo tuve, porque tiene una situación similar, es intendente de una de las ciudades principales. Va a ser difícil en un año electoral tener presencia territorial y estar atento a lo que pasa cuando vos gobernás una ciudad que a veces también tiene muchos problemas a diario. Yo eso lo sentí como un problema».
Y fue más allá: «después también va a estar condicionado para tomar decisiones objetivas, porque no va a dejar de tener la presión de algún interés del sector, del gobernador, del gobierno». En política, eso no es una descripción. Es una advertencia.
Rawson: el orden, la paz social y un proyecto que quiere continuidad
Hay un eje que recorre toda la entrevista de manera transversal y que explica buena parte del posicionamiento político de Biss: la gestión de Rawson como carta de presentación, como argumento y como proyecto que él quiere preservar más allá de su mandato.
«Nosotros acá en Rawson, que es nuestra prioridad: yo voy a dejar de ser intendente en el 27, pero acá pusimos en marcha una idea en un momento difícil. Estamos absolutamente convencidos con el equipo de que hay que darle continuidad, hay que darle tiempo».
Describió dos tiempos distintos en su gestión. El primero, en 2019: la gente los eligió para dar orden en una ciudad que venía gobernada por el peronismo durante muchos años, con todas las instituciones intermedias —clubes, cámaras de comercio, cooperativa— conducidas por referentes del justicialismo. La decisión que tomó entonces fue no ir «por todo»:
«Yo en ese momento digo, no, primero ocupémonos de lo que nos corresponde, que es gobernar, después veamos el resto. Y todavía hay muchas referencias de aquel tiempo que siguen al frente de las instituciones».
No se metieron en ninguna elección interna de ningún club. No le pidieron ficha de afiliación a nadie. Trabajaron con cualquiera que tuviera propuestas para la ciudad.
El segundo tiempo: el segundo mandato trajo una expectativa diferente. La gente ya no pedía solo orden. Pedía despegue.
«La gente primero nos eligió para dar orden, después en un segundo mandato, para mí la expectativa de la gente es que nosotros empecemos a generar condiciones para que Rawson despegue. Y eso está ocurriendo, vuelvo a reiterar, en un escenario muy desfavorable».
Esa combinación —orden primero, desarrollo después, en condiciones adversas— es lo que Biss ofrece como experiencia política exportable. No lo dice con esas palabras. Pero la lógica es esa.
La deuda provincial: el argumento de Neuquén y la línea roja del gasto corriente
En el tramo final de la entrevista, Biss construyó el argumento más elaborado sobre la nueva toma de deuda provincial. No la rechazó de plano. La contextualizó y le puso una condición.
El argumento central fue la comparación con Neuquén: si la provincia más rica de la Patagonia —en pleno boom de Vaca Muerta— va a salir a colocar bonos porque quiere acelerar su inversión en infraestructura, ¿cómo no lo va a hacer Chubut, que está «bastante más complicada»?
«Si Neuquén, que está 20 veces mejor que nosotros, sale a tomar deuda, ¿por qué no va a salir a tomar deuda Chubut?»
Pero ahí viene la condición, y es innegociable para él. El problema no es la deuda. El problema es para qué se usa.
«Si esa toma de deuda es para gastos corrientes, para pago de salario, bueno, la verdad que no hemos entendido nada, no hemos aprendido nada de lo que pasó en el pasado. El último bono del BOCADE, acordate que más del 50% fue utilizado para gasto corriente. La provincia no avanzó y durante muchos años estuvo comprometida».
Y remató con una frase que es al mismo tiempo una historia y una advertencia: «tomamos un crédito por el mismo monto y la provincia va a estar en una situación muy similar a la que está actualmente». La evaluación definitiva, dijo, dependerá de cómo se usen los recursos. «Esperamos que sean infraestructura, como se comprometió.»
Los números que maneja son contundentes: 240 millones para el acueducto, 650 del nuevo bono, más la porción del BOCADE que los bonistas no aceptaron cancelar anticipadamente —información que llegó de manera informal pero que Biss tomó como dato para su análisis. Y encima, un plazo de gracia para el capital que recién arranca en 2028, pero con intereses que ya empiezan a correr, equivalentes al 50% de lo que se venía pagando como cuota del capital del BOCADE.
«A esos, ponele, 15 millones aproximados trimestrales de intereses, va a haber que sumarle este porcentaje del BOCADE que no se pudo cancelar».
Quien gobierne Chubut desde 2027 —sea quien sea, aclaró explícitamente— va a necesitar un plan muy claro. Biss lo sabe. Y cuando habla de «pilotos de tormenta», no lo dice en abstracto.
Hoy Hay Charla · @rperiodismo_noticias · Entrevista de Rodrigo Mansilla a Damián Biss, intendente de Rawson


