UCR: la convención que no se convoca y el malestar que crece
Radicalismo en tensión: la convención que no se convoca y el malestar que crece en Chubut
Dirigentes aseguran que la Unión Cívica Radical de Chubut atraviesa un momento de fuerte repliegue político e institucional. A poco más de un mes de iniciado el año, la conducción partidaria aún no ha convocado a la Convención Provincial, el órgano que define las políticas, alianzas y estrategias electorales del partido. La falta de convocatoria no pasa desapercibida y genera inquietud en amplios sectores del radicalismo, que advierten un proceso de silenciamiento deliberado.
“El radicalismo no se expresa, no opina, no emite comunicados. Pasan cosas graves en la provincia y el partido guarda silencio”, cuestionó el exsenador Mario Cimadevilla, quien remarcó que la convención es el ámbito natural para debatir el rumbo político del partido de cara a las próximas elecciones.
Autoconvocados: una posibilidad latente
Ante la falta de señales desde la conducción, comenzó a tomar fuerza la posibilidad de una autoconvocatoria de la Convención Provincial, un mecanismo previsto cuando no hay voluntad política de llamar al órgano partidario.
Cimadevilla recordó antecedentes concretos: “En otras oportunidades, cuando no se convocaba, los convencionales se autoconvocaron y se logró reunir a la gran mayoría”. En ese sentido, advirtió que si en los próximos meses no hay convocatoria formal, ese camino podría volver a activarse.
El malestar no es aislado. Sectores internos consideran que se busca evitar el debate sobre alianzas, el rol del radicalismo en el gobierno provincial y la pérdida de identidad partidaria.
Merino y la discusión por la presidencia del partido
En ese contexto, tomó relevancia la reciente reunión entre Cimadevilla y el intendente de Trelew, Gerardo Merino, quien manifestó su intención de presidir el Comité Provincia de la UCR.
Si bien Cimadevilla reconoció que la aspiración de Merino es legítima, también señaló que dentro del partido existen voces que observan con preocupación la acumulación de funciones: la conducción partidaria y una gestión municipal activa. “Algunos creen que una función puede condicionar a la otra”, explicó.
La discusión no gira solo en torno a nombres, sino al modelo de conducción que necesita el radicalismo: autónomo, con voz propia y capacidad de fijar posiciones políticas claras.
El rol de Mena y una UCR sin voz
Las críticas también alcanzaron al actual presidente del partido, Gustavo Menna, quien además ocupa el cargo de vicegobernador. Según Cimadevilla, esa doble función ha derivado en un radicalismo “sin voz ni voto” dentro de la alianza gobernante.
“¿Escuchaste al vicegobernador criticar alguna medida del gobierno? Yo no”, afirmó. Para el exsenador, el silencio partidario es el precio de una alianza donde el radicalismo tiene cargos, pero no incidencia política real.
Alianzas, lista 3 y elecciones futuras
De cara al futuro electoral, Cimadevilla fue categórico: hoy el radicalismo no tiene ninguna alianza vigente. Las alianzas anteriores, explicó, fueron circunstanciales y ya agotaron su ciclo. Por lo tanto, cualquier acuerdo futuro debe ser discutido y aprobado por la Convención.
“Si mañana hubiera elecciones, el radicalismo debería ir con la lista 3”, sostuvo, salvo que la convención autorice otra cosa. En ese marco, rechazó lo que definió como “alianzas humillantes” que diluyen la identidad del partido.
Energía, recursos y una provincia que no decide
Más allá de la interna partidaria, Cimadevilla puso el foco en los grandes temas estructurales de Chubut: la energía, el mar, la pesca, el petróleo y la minería. Según su mirada, la provincia es dueña de recursos estratégicos pero no los administra.
“El que maneja la energía maneja el principal insumo de cualquier actividad humana”, afirmó, cuestionando el sistema de tarifas, el rol de CAMMESA y la falta de control sobre la producción energética de la provincia.
También criticó la quita de retenciones a petroleras y la ausencia de debate sobre qué modelo de desarrollo se quiere para Chubut, mientras los recursos se agotan y las desigualdades crecen.
Radicalismo, valores y representación
Cimadevilla fue especialmente duro con legisladores que se reivindican radicales pero votan leyes que, a su juicio, contradicen la historia y los principios del partido, como reformas laborales regresivas o iniciativas que afectan el ambiente y la educación pública.
“El radicalismo tiene más de cien años defendiendo derechos laborales, educación pública y recursos nacionales. Si no defendemos esos valores, el partido pierde sentido”, sentenció.


