Guajardo abre el juego para 2027
Guajardo sacude la interna radical y mira a 2027: “No vamos a la sumisión”
Sergio Guajardo dejó una serie de definiciones que proyectan la interna radical mucho más allá de lo ocurrido en el último plenario. Cuestionó la relación de parte de la UCR con Ignacio Torres, aseguró que las bases no están siendo consultadas, marcó una fuerte distancia con Gerardo Merino, reconoció coincidencias crecientes con Damián Biss y abrió concretamente la posibilidad de que su espacio construya acuerdos por fuera del esquema partidario si no existen condiciones para competir en 2027. “No vamos a la sumisión”, sintetizó.
El presidente de la UCR de El Maitén, Sergio Guajardo, considera que el radicalismo chubutense atraviesa una discusión mucho más profunda que una elección de autoridades partidarias. Para el dirigente, lo que está en juego es qué autonomía tendrá la UCR dentro del esquema político que conduce el gobernador Ignacio Torres y cómo llegará el partido a las elecciones de 2027.
En diálogo con Rodrigo Mansilla en el programa «Alguien tiene que querer», Guajardo sostuvo que entiende la estrategia política del gobernador para ampliar su construcción electoral y cerrar acuerdos con diferentes sectores.
“A mí me parece perfecto lo que está haciendo el gobernador, cerrar las líneas y cerrar los acuerdos que cree necesarios como para obtener un triunfo en 2027”, señaló.
Pero inmediatamente estableció su diferencia.
“Lo que no me parece correcto es que no se consultan las bases”, afirmó. Y agregó una definición de peso político: “La base principal de este gobierno es el radicalismo”.
Para Guajardo, el problema no radica necesariamente en que la UCR continúe formando parte de Despierta Chubut, sino en qué lugar ocupa dentro de esa alianza.
Ahí aparece una de las frases más contundentes de toda la entrevista.
“No vamos a la sumisión”.
Radicalismo dentro de Despierta, pero con poder de decisión
Guajardo evitó plantear como inevitable una ruptura con Despierta Chubut. De hecho, aclaró que su sector nunca afirmó que quisiera abandonar la alianza.
La discusión que plantea es diferente: quiere que la UCR tenga capacidad para intervenir en las decisiones y no simplemente acompañarlas.
“Nunca dijimos que íbamos a estar afuera. Lo que sí dijimos es que queríamos tener más participación. Nosotros queríamos decidir, tener la toma de decisiones, no acatar órdenes”, expresó.
Esa diferencia puede convertirse en uno de los principales puntos de tensión política de los próximos meses.
Guajardo sostiene que existe un radicalismo vinculado directamente con la conducción provincial, pero también otro radicalismo territorial que no necesariamente responde de la misma manera.
Incluso utilizó una expresión particularmente dura para describir a algunos dirigentes. Dijo que existe un sector “a la orden de lo que diga el gobernador” y los calificó como “sumisos”.
Según su relato, ha presenciado situaciones en las que Torres reprendió a dirigentes radicales. “Los reta como a chicos y eso conmigo no lo va a tener. Podremos tener la charla que quiera, pero a mí no me levante la voz porque yo vivo en democracia”, afirmó en Alguien tiene que querer.
Guajardo ubica precisamente allí el origen del espacio que denomina Radicalismo Federal, al que actualmente pertenece.
La advertencia: “No los van a poder arriar”
El dirigente también cuestionó la lectura que realiza la conducción partidaria sobre el pensamiento interno de la UCR.
Aseguró que existe una porción muy importante de afiliados y militantes que no comparte automáticamente la estrategia adoptada por la conducción.
Según su estimación, “el 50% o más” de los afiliados, radicales o militantes no piensa igual.
Y lanzó una advertencia: “No los van a poder arriar”.
Guajardo considera que ese fenómeno todavía no está siendo interpretado correctamente por quienes conducen el partido. “No lo están viendo”, insistió.
Su lectura es que una votación partidaria puede ordenar formalmente la conducción, pero no necesariamente garantiza el acompañamiento político de la militancia cuando llegue el momento de definir candidaturas y alianzas.
“El militante del radicalismo, el de a pie, no está con los de arriba. Te lo puedo asegurar”, sostuvo en Alguien tiene que querer.
Ese diagnóstico es central para entender lo que Guajardo proyecta hacia 2027.
2027: “Todo abierto”
Guajardo todavía no confirma una candidatura personal. Ante la consulta sobre si buscará competir electoralmente en 2027, respondió que “todavía no hay nada”, aunque inmediatamente confirmó que su espacio pretende ser protagonista en todos los niveles.
La definición más importante llegó cuando se le preguntó qué ocurriría si dentro de la UCR no existen condiciones para desarrollar ese proyecto.
“Si no se dan las condiciones dentro del partido, la posibilidad concreta de desarrollar acuerdos con otros sectores políticos… veremos por afuera. Todo abierto”, respondió. Y agregó: “No vamos a cerrar por un solo sector”.
No significa que la ruptura esté resuelta. Guajardo fue explícito en ese punto: su espacio todavía puede permanecer dentro del radicalismo y también dentro de Despierta Chubut.
Pero dejó establecido un límite: si considera que los mecanismos internos vuelven a cerrarse para impedir la competencia, buscarán otra alternativa.
“Si no nos permiten por dentro, vamos por fuera”, había señalado en otro tramo de la conversación.
La frase transforma una discusión interna en una advertencia electoral concreta.
Un escenario 2027 que ve “muy difícil”
Guajardo también realizó una lectura más amplia del tablero político provincial.
Cuando se le preguntó cómo imagina el armado para 2027 respondió: “Difícil, muy difícil. Van a haber muchos movimientos, demasiados”.
Su explicación es que el oficialismo provincial comenzará a cerrar acuerdos porque en la próxima elección estará en juego directamente la continuidad del gobierno.
“Van a atacar con todo porque es lógico, se está jugando un gobierno y van a tener que salir a cerrar un montón de cosas”, consideró.
Guajardo entiende que los próximos meses serán decisivos.
“Estos meses van a ser cruciales. Son cuatro meses intensos”, pronosticó.
Incluso incorporó a su análisis las declaraciones del intendente de Puerto Madryn sobre la posibilidad de realizar las elecciones provinciales junto con las nacionales en octubre de 2027.
Para Guajardo, ese tipo de movimientos demuestra que el esquema político todavía no está completamente cerrado.
“¿Qué pasó ahí? ¿No teníamos cerrado todo? No es sencillo, no es así la cosa”, ironizó.
La lectura del dirigente es que quedan negociaciones, posicionamientos y movimientos importantes por delante.
Merino: una relación prácticamente cortada
Dentro de esa discusión aparece también Gerardo Merino. Guajardo reconoció que hace tiempo no mantiene diálogo político con el intendente de Trelew.
Recordó en Alguien tiene que querer, que Merino había señalado públicamente que él no atendía sus llamados, pero respondió que anteriormente ocurrió lo contrario.
“¿Sabés cuántas veces no me contestó a mí antes? Nada más que yo no las dije”, señaló.
Mencionó particularmente el período en que comenzó la discusión por la reelección indefinida de intendentes. Según relató, intentó comunicarse con Merino para conversar sobre el tema, pero no lograron reunirse.
La cuestión de la reelección aparece como uno de los momentos que profundizaron la distancia.
Guajardo fue uno de los dirigentes que rechazó públicamente esa posibilidad y considera que esa posición terminó colocándolo afuera de determinadas estrategias internas.
“Dentro de esas estrategias partidarias ni Guajardo ni muchos más están dentro de esa estrategia. Entonces, ¿qué hacemos nosotros acá?”, se preguntó.
Cuando durante la entrevista se planteó que algunos dirigentes consideran que el radicalismo quedó “roto” por falta de diálogo, Guajardo no contradijo demasiado ese diagnóstico.
“A mí no me ha llamado absolutamente nadie”, afirmó.
Biss, cada vez más cerca
En contrapartida, Guajardo reconoció una creciente coincidencia con Damián Biss.
“Me siento con Damián Biss muy a gusto en las charlas que tenemos”, expresó y sostuvo que observa en el dirigente una impronta política similar a la que pretende desarrollar Radicalismo Federal.
La relación no aparece planteada en términos de subordinación. Guajardo remarcó que actualmente dialogan “de igual a igual” y que cualquier definición futura deberá discutirse dentro del espacio.
Si Biss tiene una proyección determinada, se conversará. Si otro dirigente —incluido él mismo— aparece mejor posicionado para determinado lugar, también será discutido.
El punto que dice compartir con Biss es fundamentalmente uno: el radicalismo debe ser protagonista de cualquier alianza y no un actor subordinado.
Por eso negó que el planteo de Radicalismo Federal haya sido romper automáticamente con el oficialismo provincial.
“Nunca planteamos una ruptura de la alianza. Sí planteamos cuál iba a ser la participación”, explicó en Alguien tiene que querer.
Cimadevilla vuelve a entrar en el tablero
Otro nombre al que Guajardo otorgó relevancia política fue el de Mario Cimadevilla.
Reconoció que durante los últimos tiempos tuvo un acercamiento que anteriormente no existía con la misma intensidad y reivindicó el lugar del histórico dirigente radical.
Según Guajardo, más allá de las críticas que puedan formularse sobre Cimadevilla, se trata de alguien que “siempre mantuvo el radicalismo a flor de piel y lo mantuvo vivo”.
Y agregó otra definición: “Es un tipo que no puede estar afuera de estas discusiones”.
Guajardo cuestionó que cada vez que Cimadevilla interviene públicamente se produzcan fuertes reacciones internas.
También defendió a Raúl Barneche, a quien describió como un dirigente histórico con vocación por el debate y con una trayectoria vinculada a la formación de jóvenes radicales.
Para Guajardo, existe actualmente una forma de hacer política partidaria que busca desacreditar a quienes cuestionan decisiones de la conducción.
“Esta forma de hacer política donde denigran o menosprecian a la gente, no estoy de acuerdo. Voy por otro lado”, afirmó en Alguien tiene que querer.
Hablar con el PJ no significa acordar con el PJ
Guajardo también respondió a las acusaciones que vinculan a su sector con el justicialismo.
El dirigente reconoció conversaciones con referentes del PJ, pero realizó una diferenciación que considera fundamental: dialogar no significa haber cerrado un acuerdo político.
“Conversaciones hemos mantenido; no estamos hablando de acuerdos”, explicó.
En diálogo con Rodrigo Mansilla, utilizó como ejemplo su rol al frente de la Cooperativa de El Maitén. Guajardo explicó que necesariamente debe dialogar con el intendente de la localidad aunque pertenezca al justicialismo, porque existen cuestiones institucionales que resolver.
También recordó reuniones mantenidas junto a representantes de cooperativas con legisladores justicialistas para buscar soluciones frente a deudas, embargos y problemas tributarios que afectan a las entidades del interior.
Su posición es que la pertenencia partidaria no puede impedir esos contactos. El criterio, aseguró, debe ser para qué se dialoga y sobre qué tema.
Ese razonamiento lo traslada también hacia el futuro político: no plantea cerrar anticipadamente ninguna posibilidad de conversación, aunque tampoco confirmó acuerdos electorales con el PJ.
“Cuando te necesitan sos amigo”
Guajardo también dejó una crítica hacia la dinámica de relaciones dentro de la política.
Al describir cómo fueron modificándose algunos vínculos durante los últimos meses, lanzó una frase elocuente:
“Cuando te necesitan, ahí sí sos amigo. Cuando no te necesitan o cuando vos los necesitás, los amigos no están”.
Desde esa experiencia explica parcialmente su acercamiento a dirigentes con los que anteriormente no tenía una relación política tan fluida.
Guajardo insiste en presentarse como un dirigente que desarrolla política sin depender de un cargo estatal.
Remarcó que recorre la provincia utilizando recursos propios y que esa independencia le permite adoptar posiciones sin temor a perder un puesto político.
“Yo sigo desde la parte militante, sin un sueldo de un cargo o del Estado”, señaló al periodista Rodrigo Mansilla.
Y resumió: “Yo sé dónde estoy, sé quién soy y sé de qué forma voy a plantarme”.
El plenario, como síntoma de una discusión mayor
El último plenario radical aparece dentro de esta lectura como un episodio de una disputa más profunda, y no necesariamente como el punto final.
Guajardo volvió a cuestionar cómo se desarrolló la reunión y sostuvo que su espacio no pudo exponer plenamente su propuesta.
“No nos dejaron hablar, nos quitaron el micrófono”, afirmó, y aseguró que no pudieron competir “en igualdad de condiciones”.
También volvió a señalar la fuerte presencia de funcionarios y aseguró que existieron presiones sobre determinados delegados.
Pero incluso cuando habla del plenario, Guajardo termina llevando la discusión nuevamente hacia el futuro: considera que una estructura partidaria puede ganar una votación interna, pero eso no significa haber resuelto el problema político.
Es allí donde aparece su concepto del “radicalismo de a pie”, una militancia que —según sostiene— no necesariamente acompaña lo decidido desde arriba.
La cuestión judicial sigue abierta
Guajardo confirmó además que mantiene una impugnación relacionada con la habilitación de dos representantes de la Juventud Radical que participaron del plenario.
Aclaró que no cuestiona la participación juvenil, sino el procedimiento de homologación utilizado para permitir que esos delegados votaran.
La presentación ya fue entregada a las autoridades partidarias y espera una respuesta. Si la UCR no canaliza el planteo, anticipó que recurrirá personalmente al Juzgado Federal.
El tema agrega un frente institucional al conflicto, aunque el propio discurso de Guajardo muestra que su principal preocupación ya está puesta en otro lugar: cómo reorganizar políticamente a su sector para lo que viene.
Una advertencia que apunta directamente a 2027
Las declaraciones de Guajardo dejan entonces un escenario mucho más amplio que una interna partidaria. No anuncia todavía una ruptura. No confirma una candidatura. Tampoco descarta continuar dentro de Despierta Chubut. Pero establece condiciones.
Pretende una UCR con capacidad de decisión, rechaza lo que considera subordinación al Gobierno provincial, sostiene que existe una parte importante de la militancia que no acompaña a la conducción, fortalece su relación política con Damián Biss, reivindica a dirigentes críticos como Cimadevilla y mantiene abiertas conversaciones con diferentes sectores.
Y, fundamentalmente, no garantiza que Radicalismo Federal vaya a aceptar sin discusión el armado electoral que termine diseñándose desde la conducción provincial.
Guajardo todavía deja abierta la puerta de adentro. Pero también dejó abierta, explícitamente, la de afuera.
“Si no se dan las condiciones dentro del partido… veremos por afuera. Todo abierto”.
Ese es probablemente el dato político más importante de toda su entrevista: la interna radical ya no se discute solamente por quién conduce el partido, sino por quién decide el rumbo, las alianzas y las candidaturas de la UCR de Chubut hacia 2027.



