«La mejor solución para la ciudad es que la Cooperativa ingrese en un proceso de concurso preventivo»
Rubén Cáceres y su análisis sobre la Cooperativa: «Seguimos parchando y dentro de cinco meses vamos a estar discutiendo lo mismo»
Hoy Hay Charla | @rodrigomansillanoticias
El concejal Rubén Cáceres lleva meses siendo una de las voces más consistentes en el debate sobre la Cooperativa Eléctrica de Trelew. No es el más encendido ni el más provocador, pero sí el más metódico: habla con números, pide documentación, exige metodología. Y en el programa Hoy Hay Charla volvió a dejar en claro que la discusión que se está dando en la ciudad —centrada casi exclusivamente en si se aumenta o no la tarifa— es, a su criterio, la discusión equivocada.
Una estructura de costos de hace casi diez años
El punto de partida de Cáceres fue técnico y devastador al mismo tiempo. El aumento tarifario que el ejecutivo municipal impulsó y que el Concejo Deliberante rechazó en la sesión previa no estaba basado en una auditoría actualizada de los costos reales de la cooperativa. Estaba basado, explicó el concejal, en la aplicación de índices sobre una estructura de costos que tiene casi diez años de antigüedad. «Todo una creación para llegar a un monto», describió, sin ocultar su escepticismo sobre la solidez técnica del planteo oficial.
Los concejales llevan desde diciembre del año pasado sin recibir información actualizada del ente. El último informe del delegado municipal en la cooperativa data de ese mes. Desde entonces, los ingresos del ente permanecen relativamente estables —porque las tarifas no se modificaron— pero los costos siguieron aumentando mes a mes, impulsados por la inflación y por compromisos salariales y contractuales que no se detienen. Nadie en el Concejo sabe con precisión cuánto creció esa brecha. Y la cooperativa, hasta el momento de la entrevista, no había entregado la documentación necesaria para saberlo.
«Es importante saber cómo han evolucionado los costos en estos casi seis meses», subrayó Cáceres, marcando la obviedad de un reclamo que, sin embargo, no tiene respuesta.
El déficit y quién lo está pagando
Cáceres fue uno de los primeros en poner cifras sobre la mesa. La cooperativa tiene, según los datos disponibles, un déficit mensual del orden de los mil millones de pesos. Eso significa que cada mes gasta aproximadamente mil millones más de lo que ingresa. Y ese agujero no desaparece: alguien lo financia, aunque sea de manera involuntaria.
¿Quiénes? Principalmente dos actores que la cooperativa dejó de pagar: ARCA y el sindicato de trabajadores. Cáceres lo confirmó con precisión: ambos surgieron como acreedores en las reuniones de trabajo que el Concejo mantuvo con las autoridades del ente. La deuda con el sindicato es, además, particularmente significativa en términos mensuales, ya que incluye aportes y contribuciones que la cooperativa debería girar regularmente y que viene reteniendo para financiar su operación diaria.
«Si la cooperativa tiene un déficit de ese orden, alguien está dejando de pagar. No hay otra manera», razonó Cáceres, con la lógica implacable de quien ya no se sorprende con los números que aparecen cada vez que se abre un poco la información del ente. El drama, añadió, es que si no se resuelve el problema estructural, el aumento tarifario que tanto se debate no va a cambiar nada sustancialmente. «Le iba a servir por unos meses y dentro de cuatro o cinco meses íbamos a estar otra vez discutiendo lo mismo.»
La reunión que no alcanzó y la información que no llega
El lunes previo a la entrevista hubo una reunión entre concejales, representantes del ejecutivo municipal y autoridades de la cooperativa. Cáceres la describió con una resignación apenas disimulada: «De igual naturaleza, similar, idéntica, cambiando nombres nada más, a las que se han tenido en los últimos veinticinco años. Seguimos mordiéndonos la cola y dando vueltas sobre lo mismo.»
El compromiso que asumió la cooperativa en ese encuentro fue entregar documentación. Información concreta, firmada, que permita a los concejales comprender la situación real del ente. Pero al momento de la entrevista esa documentación no había llegado. Y el concejal no disimulaba sus dudas sobre si llegaría pronto: «Es una empresa seria, por lo tanto no puede ser cualquier papel escrito a mano o sin firma. Tiene que prepararla. Se supone que lo tiene que tener listo para imprimir, pero lamentablemente no lo es.»
La resistencia histórica de la cooperativa a abrir sus libros no es una novedad para Cáceres. «Históricamente, toda la vida de la cooperativa ha sido reticente en informar a la municipalidad, al Concejo, al honre. Siempre ha sido así porque hay una mentalidad de no transparencia», señaló, con la parsimonia de alguien que lleva tiempo estudiando el mismo expediente y siempre encuentra la misma respuesta al final del camino: silencio.
Concurso preventivo: la propuesta que nadie quiere escuchar
En ese contexto, Cáceres se animó a poner sobre la mesa una alternativa que sabe que es impopular pero que considera honesta: el ingreso de la cooperativa a un proceso de concurso preventivo. La figura jurídica que permite a una empresa con deudas insostenibles reestructurar sus compromisos bajo supervisión judicial, con la posibilidad de salir saneada del otro lado.
«A esta altura de las circunstancias, por el conjunto de deudas que tienen, por los compromisos hacia el futuro, por la ineficiencia desde el punto de vista comercial y empresarial, creo que la mejor solución para la ciudad es que ingrese en un proceso de concurso preventivo y ver si ahí puede salir una empresa saneada», afirmó.
La respuesta del interventor fue negativa, como era previsible. Cáceres no se sorprendió. «Cualquier opción de cambio que le propongas a la gente que conduce la cooperativa en cada momento, la respuesta siempre es negativa. Hay una gran resistencia al cambio, una gran resistencia a transparentar el verdadero problema, a emitir mensajes claros a la comunidad.» El argumento de fondo es simple: quienes administran el ente no quieren cambiar porque el cambio abre posibilidades que hoy no existen. Y lo que menos quieren es que esas posibilidades existan.
El exceso de gastos como problema central
Cáceres rechazó con firmeza el argumento histórico de la cooperativa, que cada vez que enfrenta una crisis señala al Concejo Deliberante como responsable por no haberle otorgado aumentos tarifarios suficientes. Para el concejal, ese relato es conveniente pero incompleto. El problema real no es la tarifa: es la estructura de gastos.
«Lo que tiene es un problema de costos, de gastos, excesos de gastos, gastos injustificables. Y no quieren cambiar», sintetizó. Y fue más allá: señaló que el convenio colectivo de trabajo vigente en la cooperativa incluye beneficios extraordinarios para el sindicato que hacen que esa organización capture alrededor del 20% de la masa salarial total del ente. No como salario de los trabajadores, sino como beneficios institucionales del sindicato en sí. Una cifra que, en el contexto de una empresa que factura más de 70.000 millones de pesos anuales, no es menor.
A eso se sumó la novedad de que el sindicato estaría negociando, en el marco de las paritarias que involucran a todas las cooperativas de la provincia, un aumento del aporte extraordinario que hoy representa el 10% de la categoría salarial de referencia. Si se duplicara ese aporte, como se estaría pidiendo, el costo mensual adicional para la cooperativa de Trelew rondaría los 30 millones de pesos más por mes. Plata que, tarde o temprano, termina trasladándose a la tarifa que pagan los vecinos. «Todo eso después pretenden que sea cargado en la factura que pagan los vecinos de la ciudad, junto con todos los demás errores de administración y gestión», advirtió Cáceres.
Una empresa que factura como el municipio y no rinde cuentas como tal
Uno de los datos que Cáceres dejó caer casi al pasar, pero que tiene una dimensión política enorme, es la magnitud económica de la cooperativa en relación al propio municipio. La cooperativa factura, según su estimación, más de 70.000 millones de pesos por año. Una cifra que ya se acerca —o directamente iguala— a lo que recauda la municipalidad de Trelew en el mismo período.
Eso significa que hay una empresa en la ciudad, prestadora de servicios públicos esenciales, que mueve un volumen de recursos comparable al del propio Estado municipal, pero sin los mecanismos de control, transparencia y rendición de cuentas que se le exigen a cualquier organismo público. Sin licitaciones, sin balances publicados, sin audiencias públicas, sin padrón de socios actualizado. «Si vamos a hablar de la empresa cooperativa, eso requiere un diagnóstico preciso, una metodología de trabajo, probablemente asistencia técnica externa a la municipalidad», señaló Cáceres, dejando claro que la discusión que está pendiente es mucho más profunda que la de un porcentaje de aumento.
Lo que viene: más tiempo, más información, menos certezas
Al cierre de la entrevista, Cáceres fue honesto sobre los tiempos. Resolver el problema de la cooperativa no es cuestión de semanas ni de una reunión con buena voluntad. Es un proceso que va a llevar meses, que requiere información que todavía no está disponible, análisis que todavía no se hicieron y decisiones políticas que todavía nadie está dispuesto a tomar con claridad.
«Esto requiere tiempo. Lo que estamos hablando con un aumento es un parche para continuar y no cambiar nada. Darle lo que la cooperativa necesita para cubrir sus gastos —ni siquiera costos, gastos— de eso se trata. Y dentro de unos meses volvemos a empezar», resumió.
La advertencia tiene el peso de quien ya vio ese ciclo repetirse demasiadas veces. El aumento llega, la cooperativa respira unos meses, los costos siguen creciendo, la brecha vuelve a abrirse y el debate empieza de nuevo desde cero. Sin diagnóstico, sin plan, sin metodología. Con la misma reunión, los mismos argumentos y nombres distintos alrededor de la mesa.



