📰 “Trelew no despega porque sus instituciones están destruidas”, dijo Ramón
«Sin instituciones transparentes, Trelew no tiene salida»: el diagnóstico de José María Ramón sobre la Cooperativa y la gestión municipal
Hoy Hay Charla | @rodrigomansillanoticias
Cuando José María Ramón habla de la cooperativa eléctrica de Trelew, no habla de tarifas. Habla de poder. De quién lo tiene, de cómo se lo retiene y de qué le cuesta a la ciudad que nadie quiera soltarlo. En una extensa entrevista en el programa Hoy Hay Charla, el ex concejal y referente del movimiento de usuarios autoconvocados construyó un diagnóstico que va mucho más allá del debate técnico sobre costos y subsidios: para Ramón, la cooperativa es el espejo más fiel de una enfermedad institucional que lleva décadas y que explica por qué Trelew no despega.
La cooperativa como «caja negra»
El punto de partida de Ramón es tan simple como incómodo: la cooperativa eléctrica de Trelew distribuye alrededor de 65.000 millones de pesos por año entre proveedores, sindicato, empleados y otros actores del ecosistema local. Una cifra que, según señaló, ya se acerca a lo que recauda la propia municipalidad. Esa caja enorme, alimentada mes a mes por el pago de las facturas de los vecinos, no tiene control ciudadano real, no tiene auditoría pública conocida y no publicó un balance en cuatro años.
«No da cuenta de qué hace con esa caja fabulosa que alimentamos nosotros todos los meses», afirmó Ramón. Y la lógica que opera detrás de esa opacidad, dijo, es perfectamente racional desde el punto de vista de quienes se benefician: «Lo que quieren es que no se metan. Déjennos la caja, nosotros la vamos a administrar bien. Ustedes tienen luz, disfruten».
La página de Facebook de la Cooperativa, que revisó en vivo durante la entrevista, publicaba en los últimos veinte días únicamente avisos de corte programado, el Día de la Escarapela y el Día del Himno Nacional. Ninguna información sobre costos, ingresos, deuda o gestión. «En su herramienta de comunicación hacia los dueños —que somos nosotros— no publicó nada que permita entender cuál es su realidad», resumió.
El problema de los enganchados: miles de viviendas fuera del sistema
Uno de los datos más impactantes que circularon en la entrevista fue el nivel de conexiones clandestinas a la red eléctrica. Ramón retomó cifras que había manejado el interventor anterior, Bordé, que estimaban en torno al 18% del padrón de usuarios la cantidad de conexiones no regularizadas. Con un universo de aproximadamente 33.000 usuarios, eso equivaldría a entre 5.000 y 6.000 viviendas enganchadas sin pagar. El propio concejal Rubén Cáceres, que siguió la entrevista en tiempo real, aportó desde el chat una precisión técnica: las pérdidas no técnicas —que es como se denomina técnicamente a los robos de energía— estarían en el orden del 8% de la energía total inyectada en la red, lo que bajaría el número a unas 2.600 o 3.000 viviendas. En cualquier caso, dijo Ramón, «estamos hablando de miles y miles de personas que no pagan».
El ex concejal fue cuidadoso en no caer en la simplificación de culpar exclusivamente a los vecinos que se enganchan. «No vamos a resolver la cooperativa porque eliminemos los enganchados», aclaró. Señaló que el fenómeno es el resultado lógico de un sistema que se descompone: cuando una institución no controla, no factura correctamente, no toma el estado de los medidores y no aplica sanciones, la tentación de no pagar crece. «¿Por qué no se enganchan del gas?», preguntó retóricamente. La respuesta es obvia: porque el gas no lo permite técnicamente. La electricidad, sí.
Y el costo de ese fenómeno lo pagan, paradójicamente, los que sí pagan. Ramón lo ilustró con una metáfora que se entendió de inmediato: quince personas van a cenar, a las once de la noche varios se levantan y se van sin pagar, y cuando el mozo trae la cuenta a la una de la mañana, los cinco que quedaron tienen que hacerse cargo de toda la factura. «Los que no nos enganchamos le tenemos que pagar la fiesta a un montón de vivos», sentenció.
La intervención: una usurpación consentida
Para Ramón, el capítulo más escandaloso de la historia reciente de la cooperativa es la intervención judicial y la forma en que fue tolerada por la dirigencia política local. Recordó que el juez interviniente llegó a dictaminar, en febrero, que las razones que justificaban la intervención habían cesado y que correspondía llamar a elecciones. Lo que ocurrió después fue, en su palabra, «delirante»: el interventor Alfonsín y el intendente Merino decidieron no acatar esa resolución y continuar con el esquema vigente.
«Un señor que acaba de bajar del avión le dice al juez: ‘Pito catalán, nos quedamos nosotros con la cooperativa, qué elecciones'», describió Ramón, visiblemente indignado. Y lo que más le llama la atención no es la actitud del interventor —que actúa en función de sus intereses— sino la pasividad de la dirigencia local: «No entiendo cómo la elite política de Trelew no tiene un poquito de orgullo. ¿Qué tenemos que estar intervenidos por un tipo de Buenos Aires? Nosotros tenemos que resolver nuestros propios problemas».
El ex concejal también recordó el caso del interventor anterior, Bordé, que llegó con todos los gastos pagos, firmó un megaplan de reestructuración de deuda con CAMMESA comprometiendo a la cooperativa por años, y luego renunció y se volvió a Buenos Aires. «Terminó de firmar, está todo sellado, renuncio. Chao, chicos, pásenla lindo. Paguen, porque ya está todo firmado.» Una secuencia que definió como propia de una «dirigencia entregada y resignada».
Alfonsín, el interventor actual, tampoco escapa a la crítica. Ramón recordó una entrevista previa en la que el propio funcionario reconoció ante Mansilla que tenía asesores políticos que no había elegido él —»me lo pusieron»— y que descartó llamar a elecciones con una frase que quedó grabada: «A mí no me sirven las elecciones.» Para Ramón, esa frase es la síntesis perfecta del problema: «Al que le tiene que servir las elecciones es a esta ciudad, no a vos que acabás de bajar del avión.»
El sindicato: parte del problema, no los trabajadores
Ramón hizo una distinción que consideró fundamental y que repitió varias veces durante la entrevista: los trabajadores de la cooperativa no son el problema. El sindicato, sí. «El sindicato es una institución que ha querido gobernar la cooperativa siempre, que ha financiado campañas electorales para tener al directorio en el bolsillo, que en vez de dialogar mete un paro y un cuchillo en la garganta por cualquier cosa», enumeró.
Señaló que el convenio colectivo de trabajo vigente en la cooperativa incluye una contribución extraordinaria para el sindicato equivalente al 10% de la categoría salarial de referencia, lo que representa aproximadamente 30 millones de pesos por mes solo para la cooperativa de Trelew. Y que ahora el sindicato estaría pidiendo duplicar ese aporte, argumentando problemas financieros en la obra social, que tiene tantas dificultades que sus propios afiliados deben recurrir a otras coberturas para recibir prestaciones de salud.
«Si le das 30 millones más a quien ya se lleva el 20% de la masa salarial, ¿de dónde sale esa plata? De la tarifa que pagan los vecinos», advirtió Ramón, quien también cuestionó duramente la solicitada publicada por el sindicato en esos días, que según el ex concejal contenía datos «manipulados y parcialmente falsos», entre ellos comparaciones históricas de dotación de personal que omitían lo ocurrido entre 1997 y 2013, cuando la planta de empleados creció en más de cien personas.
Los proveedores y la compra a dedo
Otro punto de la denuncia de Ramón que suele quedar en segundo plano en el debate público es el sistema de contrataciones de la cooperativa. Según afirmó, todos los proveedores del ente —cables, materiales, ropa de trabajo, insumos de oficina— son designados directamente, sin concurso de precios ni licitación de ningún tipo. «Cuando le pedimos a la Cámara de Industria y Comercio que pelee por un concurso de precios para que todos sus comerciantes tengan derecho a postular sus productos, el silencio fue total», recordó.
Y el caso del interventor Alfonsín añadió una capa más: según Ramón, el propio funcionario reconoció haber reemplazado a CAMMESA como proveedor de energía por «un proveedor amigo» de Comodoro Rivadavia, sin pasar por ningún proceso competitivo. «Tomé la decisión solo de comprarle a un proveedor amigo», habría dicho Alfonsín, según el ex concejal. «Esto es entre amigos. Una institución pública manejada como almacén», ironizó Ramón, quien anticipó el desenlace previsible: «¿Y sabés en qué va a terminar esto? En que van a tener deuda con el proveedor amigo también».
Los medidores inteligentes y la facturación arbitraria
Un tema en el que Ramón mostró acuerdo con la propuesta oficial —algo inusual en su intervención— fue el de los medidores inteligentes. Consideró que es una herramienta indispensable para terminar con lo que describió como una facturación «a ojo»: sin toma de estado sistemática, sin registro verificable, con dos vecinos viviendo puerta a puerta que reciben facturas completamente distintas sin explicación. «Cualquier vecino que va y dice que la factura está mal tomada, al otro día recibe un descuento. ¿Por qué? Porque nadie sabe cuánto era», afirmó.
La propuesta de su movimiento es que la lectura de medidores y la regularización de los enganchados sean tercerizadas, quitándole esa responsabilidad al personal de la cooperativa que, entre otras razones, enfrenta situaciones de violencia cuando intenta actuar en zonas de conexiones irregulares. «El sindicato tiene razón en que sus trabajadores no pueden ir a regularizar enganchados porque les tiran tiros y les rompen las camionetas. Eso tiene que ser tercerizado a una empresa especializada en incobrables que cobre por resultado», explicó.
La gestión Merino: el gobierno del bacheo
La cooperativa no fue el único blanco de Ramón. Sobre la gestión municipal de Gerardo Merino fue igualmente categórico, aunque reconoció un mérito inicial: el ordenamiento de la estructura interna del municipio en sus primeros tiempos. Pero ese logro administrativo, dijo, quedó opacado por la falta de rumbo estratégico.
«Trelew está semiparalizada en lo que llevamos de 2025. No hay ningún llamado a licitación pública para hacer una obra. Lo que está en ejecución viene de ejercicios anteriores, a un ritmo muy lento», enumeró. Y trazó una comparación que sintetizó su visión: la gestión anterior de Adrián Maderna fue «la década de la contención social sin rumbo», donde se gobernaba repartiendo bolsones y escuchando a la gente en los barrios, pero sin proyecto de ciudad. La gestión Merino sería, en cambio, «el gobierno del bacheo del centro», que abandonó la periferia y reemplazó la contención clientelar por la foto del bache tapado.
«Lo que le falta a ambos modelos es un proyecto de desarrollo. ¿Qué queremos ser? ¿Cómo construimos la ciudad? Eso requiere visión de largo plazo, pasión, unir fuerzas con la oposición. Nada de eso está pasando», concluyó.
La reunión del viernes y los próximos pasos
Ramón integra un movimiento de usuarios autoconvocados de la cooperativa que, según describió, tiene alrededor de veinte o veinticinco miembros activos permanentes y una comunidad más amplia de participación fluctuante. Este viernes 22 de mayo, posterior al programa tenía programada una reunión en la sede de la fundación FUDEPA, con cupo limitado a 45 personas, para analizar la coyuntura y definir acciones. También anticipó que llevarán una presentación formal a la municipalidad para reclamar que los usuarios sean convocados como parte de las mesas de discusión sobre el futuro de la cooperativa, rechazando la idea de que el interventor los representa. «Alfonsín se acaba de bajar de un avión. No sabe ni dónde queda Trelew. ¿Cómo nos va a representar?», preguntó.
La posición del movimiento, sintetizó Ramón, no es ni el tarifazo ni la privatización. Es la devolución de la institución a sus dueños: llamado a elecciones con padrón limpio, transparencia de cuentas, audiencia pública, incompatibilidad para dirigentes políticos y sindicalistas en los cargos directivos, y licitación de proveedores. «Construí instituciones fuertes y vamos a ver qué pasa. Todo lo demás es parche».


