Alarma en la ganadería ovina de Telsen
Las existencias ovinas en Telsen: una actividad en estado crítico y una advertencia hacia 2030
Por Pedro Eugenio Sánchez
En el año 2024, el departamento de Telsen contabilizó un total de 87.956 ovinos, según datos proporcionados por la base de datos de existencias por estrato y departamento del SENASA. Si bien esta cifra ya reflejaba dificultades estructurales para la actividad, los datos más recientes muestran un escenario aún más preocupante: actualmente quedan 62.828 ovinos distribuidos en 154 establecimientos ganaderos, lo que representa una caída cercana al 30% en un corto período de tiempo.
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La magnitud de la disminución enciende una señal de alarma para toda la región. De mantenerse esta tendencia, las proyecciones más pesimistas advierten que hacia 2030 la actividad ovina podría encontrarse en una situación terminal, comprometiendo seriamente la continuidad de una de las producciones históricas más importantes del territorio.
Uno de los rasgos más evidentes es la alta fragmentación de la estructura productiva. Más del 56% de los establecimientos poseen entre 51 y 500 animales, un estrato que, si bien representa el corazón de la ganadería extensiva tradicional, enfrenta severas limitaciones para alcanzar economías de escala, incorporar tecnología o enfrentar los embates climáticos y de mercado.
Esta semana, el presidente de la Sociedad Rural del Valle, Ricardo Irianni, aseguró en LU 20 Radio Chubut que, actualmente, hay 8 productores ovinos cerca de la localidad.
En el otro extremo, solo 24 establecimientos concentran 57.322 animales, es decir, cerca del 65% del stock ovino total registrado en aquel relevamiento. Esto evidencia una concentración productiva creciente que contrasta con la atomización del resto del sector.
La diferencia de escala no es neutra. Quienes superan los mil ovinos pueden acceder con mayor facilidad a herramientas financieras, mejoras genéticas, suplementación estratégica y esquemas de comercialización diferenciados. Por el contrario, la franja más vulnerable está integrada por los pequeños productores: casi el 22% de los establecimientos posee menos de 50 ovinos, una cantidad insuficiente para sostener ingresos familiares estables en un contexto de costos crecientes y mercados cada vez más exigentes.
Sin embargo, el problema actual ya no es únicamente la desigualdad entre escalas productivas. La caída del stock total comienza a plantear interrogantes sobre la supervivencia misma de la actividad. El descenso desde los 87.956 ovinos relevados en 2024 hasta los actuales 62.828 animales refleja una pérdida que excede cualquier variación coyuntural y pone en evidencia el impacto acumulado de la sequía, la depredación, los altos costos operativos, la falta de rentabilidad y las dificultades de acceso a financiamiento.
Estos productores no solo están en riesgo económico, sino también en riesgo de desaparecer como actores productivos si no se generan políticas activas para su inclusión y fortalecimiento. Cada establecimiento que reduce su majada o abandona la actividad implica menos empleo rural, menor movimiento económico local y una mayor fragilidad para el arraigo poblacional en el territorio.
El dato estructural que deja este relevamiento es claro: Telsen necesita un reequilibrio urgente. La producción ovina sigue siendo una de sus actividades más extendidas y tradicionales, pero la combinación entre concentración productiva, pérdida de stock y reducción de establecimientos está profundizando una brecha que compromete el desarrollo rural, la sostenibilidad ambiental y la equidad territorial.
Revertir esta tendencia implica apoyo técnico y financiero específico para los estratos medios y bajos, mecanismos asociativos reales y eficaces, incentivos para la producción con valor agregado y una estrategia de largo plazo que priorice el desarrollo rural por sobre el mero conteo de cabezas.
Telsen todavía conserva una oportunidad a través de su producción ovina. Pero los números muestran que esa oportunidad se reduce año tras año. La advertencia ya está planteada: si la tendencia actual continúa, el desafío dejará de ser cómo hacer crecer la actividad para pasar a ser cómo evitar su desaparición.




