Drogas desde los 11: la alarma en Chubut

Consumo desde los 11 años, cocaína y una alarma que crece en Chubut: ¿cómo se evita que la droga llegue a los chicos?

La pediatra Sofía Testino encendió la alarma al revelar que en Trelew llegan a la atención pediátrica casos de consumo desde los 11 años y que en los últimos años comenzó a aparecer cocaína. El obispo de Rawson, Roberto Álvarez, amplió el diagnóstico y planteó que falta una estrategia para reducir la oferta de drogas. Ahora, el ministro de Seguridad, Héctor Iturrioz, aseguró que estadísticas de Sedronar muestran una elevada iniciación temprana en Chubut y vinculó las adicciones con el delito, pero no indica qué se está haciendo para revertirlo. Tres miradas sobre un mismo problema y una pregunta todavía abierta: ¿qué se está haciendo para evitar que la droga llegue a los chicos?

Una advertencia surgida desde la atención pediátrica en Trelew comenzó a sumar nuevas voces y terminó instalando una discusión que excede al sistema sanitario: la presencia de drogas entre niños y adolescentes, la edad cada vez más temprana de inicio y qué herramientas existen para impedir que esas sustancias lleguen hasta ellos.

La primera señal pública la dio la médica pediatra Sofía Testino (MP 2618) durante una entrevista con Rodrigo Mansilla en Hoy Hay Charla, por YouTube en @rodrigomansillanoticias.

Testino describió un cambio en las situaciones que actualmente llegan a Pediatría: problemas de salud mental, autolesiones, dificultades sociales y consumo de sustancias desde edades tempranas.

Cuando fue consultada sobre la edad en la que comienzan a observar casos de consumo, respondió: “Desde los 11”.

También explicó que inicialmente aparecía con mayor frecuencia la marihuana, pero durante los últimos dos o tres años comenzó a detectarse cocaína.

“El tema de la cocaína es una cosa de los últimos dos o tres años”, sostuvo.

En algunos pacientes que llegan intoxicados, agregó, los estudios detectan incluso consumo combinado de ambas sustancias.

Pero Testino no habló solamente de drogas. Su diagnóstico incluyó autolesiones, problemas de salud mental, desvinculación escolar, apuestas online, exposición a las pantallas y dificultades familiares y sociales.

“Las autolesiones es impresionante, es constante”, describió.

La pediatra también advirtió sobre la facilidad con la que algunos adolescentes relatan acceder a sustancias, incluso mediante contactos por redes sociales, mecanismos de entrega y pagos electrónicos.

Para Testino, reducir el problema exclusivamente a la conducta de los adolescentes sería equivocado.

“No me gusta cuando se habla de los adolescentes como siendo ellos los culpables de lo que está pasando. Me parece que es un reduccionismo que no es real”.

Su planteo fue que las respuestas deben involucrar a distintos sectores: “Necesitamos toda una red de complejidad”.

Álvarez: “La oferta de marihuana o cocaína es muy cotidiana y muy fácil”

La advertencia de Testino tuvo continuidad días después. El obispo de Rawson, Roberto Álvarez, retomó el tema durante una entrevista con Rodrigo Mansilla en Alguien Tiene Que Querer y lo analizó desde la experiencia de la Iglesia y particularmente del trabajo de los Hogares de Cristo.

Álvarez reconoció que muchas veces las instituciones reciben a los jóvenes cuando el problema ya está instalado.

“Nosotros en los hogares agarramos ya a los jóvenes con situaciones de adicciones ya asentadas”, afirmó.

A partir de esa experiencia hizo una autocrítica:

“Uno descubre que no hemos sabido trabajar desde la niñez aquellas tendencias a desarrollar personalidades adictivas”.

El obispo amplió el problema hacia la utilización intensiva de pantallas desde edades tempranas y las apuestas online, pero también puso el foco sobre la disponibilidad de drogas.

Mencionó “todo el abanico”, desde marihuana hasta cocaína, sin dejar afuera al alcohol, al que definió como una “puerta de entrada”.

Sin embargo, cuando durante la entrevista se planteó que los chicos probablemente tengan mayor facilidad para acceder al alcohol, Álvarez introdujo un matiz:

“No sé si es más rápido los chicos hoy el alcohol que la marihuana”.

Y agregó:

“Parece que también la propuesta y la oferta de marihuana o de cocaína es muy cotidiana y es muy fácil”.

Incluso graficó esa facilidad de acceso señalando que posiblemente a un chico le resulte más difícil ingresar una lata de alcohol que “una bolsita” a determinados ámbitos, incluso en las inmediaciones de un colegio.

El planteo trasladó así la discusión hacia una instancia anterior: no solamente qué ocurre cuando un adolescente consume, sino cómo las sustancias llegan hasta él.

“Falta una estrategia clara para que no haya venta”

Cuando durante la entrevista se le preguntó directamente cómo frenar la llegada de drogas a niños y adolescentes, Álvarez diferenció el trabajo de prevención y contención de otra responsabilidad que, según señaló, excede a las organizaciones de la sociedad civil.

“Nosotros en general, hasta el Estado, invierte en medir las consecuencias y no en trabajar muchísimo con que no haya más droga en la calle”, sostuvo.

Y profundizó:

“La parte de policía, la parte de buscar los narcos y todo lo demás, está más desdibujada que todo lo que significa la sociedad civil haciendo redes y conteniendo las consecuencias de la droga”.

El obispo remarcó que las organizaciones pueden prevenir, acompañar y contener, pero no cuentan con las herramientas necesarias para intervenir sobre quienes comercializan las sustancias.

“La parte de una estrategia clara para que no haya venta, para esto y aquello, esa por supuesto que trasciende a la sociedad civil”.

Y agregó:

“No sé si estamos tan convencidos de algo articulado y bien sistemático”.

El planteo de Álvarez agregó así una dimensión diferente al diagnóstico inicial de Testino: además de atender y contener a los chicos que ya atraviesan consumos, preguntarse cómo impedir que las sustancias lleguen hasta ellos.

Iturrioz: Chubut tendría una elevada iniciación temprana

Ministro de Seguridad.

En ese contexto apareció ahora la palabra del ministro de Justicia y Seguridad del Chubut, Héctor Iturrioz. En declaraciones a LU20 Radio Chubut, el funcionario aseguró que una estadística de Sedronar ubicaría a Chubut con una de las tasas más altas de iniciación en el consumo de sustancias psicoactivas y alcohol del país.

El concepto requiere una aclaración: una elevada tasa de iniciación no significa necesariamente que Chubut tenga la mayor cantidad de consumidores, sino que está relacionada con el comienzo del consumo.

Según explicó Iturrioz, en algunos casos se trata de preadolescentes que comienzan con alcohol, continúan posteriormente con marihuana y pueden avanzar hacia cocaína u otras sustancias.

“Los chicos de Chubut tienen una tasa más alta de iniciación en consumo de sustancias psicoactivas, incluso de alcohol, más alta que las demás provincias”, sostuvo.

El ministro atribuyó la información a estadísticas de Sedronar, aunque al mismo tiempo manifestó reparos sobre algunos resultados.

En particular, expresó dudas sobre datos que ubicarían a estudiantes secundarios de Chubut con niveles de consumo de cocaína superiores a los registrados en la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense.

Por esa razón, hasta acceder al informe original, conocer su universo, metodología y resultados completos, corresponde atribuir esos datos al ministro y no presentarlos como una conclusión estadística independientemente verificada.

Iturrioz vinculó las adicciones con el delito

El ministro trasladó posteriormente el análisis hacia la seguridad.

“Las adicciones están a la orden del día”, afirmó.

Y sostuvo que “en la trastienda del delito hay algún tipo de adicción siempre”, al señalar que alcohol y drogas aparecen asociados a numerosos episodios que terminan derivando en hechos violentos.

También cuestionó la naturalización del consumo de marihuana.

“Muchas la minimizan. Decís: ‘ah, se fuma ese porrito’. No, no es así. No hay que minimizar ninguna sustancia”.

Iturrioz sostuvo además que las variedades actuales de marihuana presentan concentraciones de THC superiores a las de años anteriores y consideró que esto incrementa su potencial adictivo y sus efectos sobre la salud mental.

Su intervención incorpora un dato importante a la discusión abierta inicialmente por Testino: desde el propio Ministerio de Seguridad se reconoce la existencia de un problema de iniciación temprana y se lo relaciona con otras situaciones sociales y delictivas.

Queda la pregunta picando: ¿Qué se está haciendo para combatirlo? No se dijo.

Tres miradas sobre una misma alarma

En pocos días, tres voces provenientes de ámbitos diferentes describieron distintas partes de un mismo problema.

Sofía Testino, desde Pediatría, puso sobre la mesa lo que ya está llegando al sistema sanitario: chicos desde los 11 años, marihuana, aparición de cocaína, autolesiones y problemas de salud mental.

Roberto Álvarez, desde la experiencia de los Hogares de Cristo, trasladó la mirada hacia lo que ocurre antes: alcohol naturalizado, apuestas online, exposición a las pantallas y una oferta de marihuana y cocaína que describió como cotidiana y de fácil acceso.

Héctor Iturrioz, desde Seguridad, agregó que Chubut tendría indicadores preocupantes de iniciación temprana y puso especialmente el foco sobre la relación entre adicciones, violencia y delito.

La pregunta que todavía queda abierta

Es precisamente allí donde aparece una diferencia entre los enfoques.

Testino plantea la necesidad de detectar, acompañar y construir redes alrededor de los chicos. Álvarez comparte la importancia de la prevención y la contención, pero introduce además una cuestión directamente vinculada con la responsabilidad estatal: cómo reducir la disponibilidad y venta de drogas.

En las declaraciones conocidas de Iturrioz, en cambio, el énfasis estuvo puesto principalmente sobre la iniciación en el consumo, sus consecuencias y la relación de las adicciones con hechos delictivos.

Eso no significa que desde el Estado no existan acciones preventivas o investigaciones contra la comercialización de drogas. Para afirmarlo sería necesario analizar las políticas y resultados de las distintas áreas involucradas. Pero en esta intervención pública del ministro no aparece desarrollada con la misma profundidad una respuesta a la pregunta planteada por Álvarez: qué estrategia concreta existe para evitar que las drogas lleguen a los chicos.

Y esa pregunta adquiere mayor relevancia frente a los propios diagnósticos conocidos durante estos días.

Si una pediatra advierte que encuentra situaciones de consumo desde los 11 años; si un obispo que trabaja con jóvenes atravesados por adicciones describe como cotidiana y fácil la oferta de marihuana y cocaína; y si el propio ministro de Seguridad señala que Chubut tendría una elevada iniciación temprana, la discusión no puede comenzar solamente cuando el chico llega intoxicado al hospital, cuando una familia necesita asistencia o cuando el consumo termina vinculado con un delito.

El interrogante es anterior:

¿Qué estrategia existe para prevenir el consumo, detectar tempranamente a los chicos en riesgo y, al mismo tiempo, impedir que quienes venden drogas puedan llegar hasta ellos?

Salud, educación, familias, organizaciones sociales, prevención, seguridad y Justicia forman parte de una respuesta que necesariamente debe ser integral.

Porque cuando la droga llega a un chico de 11, 12 o 13 años, buena parte del sistema comienza a trabajar sobre una consecuencia.

El desafío anterior —y probablemente el más difícil— es evitar que llegue.

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