Luna elogió a Milei

¿El voto de Luna profundizó la crisis del oficialismo tras la caída del aumento?

Martín Luna desafió la presión política, votó contra el tarifazo y propone una salida de fondo para la Cooperativa

El concejal que votó contra el aumento, habló en HOY HAY CHARLA con Rodrigo Mansilla. Propone una salida radical y advierte que ninguna suba tarifaria resolverá lo que es un problema estructural de fondo

Martín Luna no necesita el resultado de la sesión para sentirse reivindicado. «Todo esto yo lo venía diciendo desde hace rato», dice, y la frase no suena a soberbia sino a cansancio. Cansancio de repetir durante años que el sistema cooperativista en su forma actual es inviable, de señalar los mismos problemas, de acumular cartas documento por ello, de ver cómo los diagnósticos correctos chocaban contra decisiones que elegían el camino más corto.

Hoy ese camino se cortó. Pero para Luna, el desafío real recién comienza.

«Hace 20 años que estamos patinando sobre el mismo sistema», dice. Y explica por qué ningún aumento tarifario, ni el del 39% que se acaba de rechazar ni cualquier otro que se proponga en el futuro, puede resolver el problema de fondo: el 80 o 90% de todo lo que la cooperativa recauda se va en estructura salarial. Lo que queda para cables, herramientas, camiones y operación es, en sus palabras, «un puchito». Y lo que se necesita para pagar a CAMMESA, sencillamente, no existe.

«El sistema no va más: solo el concurso preventivo puede romper el nudo».

«Te estoy vendiendo un negocio, un kiosco. El kiosco gana 50, pero tiene 800 de deuda. Es inviable», grafica Luna con una economía de palabras que no deja lugar a malentendidos.

La solución que propone es la más disruptiva de las que circulan en el debate político local: el concurso preventivo de acreedores.

Luna lo viene planteando desde hace tiempo y no tiene intención de bajar la voz ahora que el rechazo al aumento abre una nueva etapa. «Estudié todas las soluciones. El concurso preventivo es la única que permite ir a la raíz del problema».

¿Cuál es esa raíz? El convenio colectivo de trabajo. La cooperativa se rige por el convenio de Luz y Fuerza, que habilita a los trabajadores a cobrar entre 16 y 17 salarios al año cuando el resto de los sectores cobra 13. «Ahí ya tenés el 20% de distribución adicional sin hacer ningún otro mecanismo». El artículo 106 de ese convenio, sin embargo, contempla la posibilidad de presentar un convenio colectivo de crisis cuando hay cesación de pagos. Y ahí está, según Luna, la palanca que nadie quiso usar. «Me sentaría a hablar con los trabajadores. A los que están en el campo, trepados a los postes, arriesgando su vida todos los días, no les tocaría nada. Pero haría una reestructuración real».

Luna también cuestiona el BAE —Bono Anual por Eficiencia— que cobra la totalidad de los empleados sin distinción. «¿Cómo se mide la eficiencia si la cobran todos? Eso es plata de la gente». Y enfatiza que su postura no es anti-trabajadora sino anti-sistema: «Yo no voy en contra de los trabajadores. Esto es un diagnóstico».

El pedido de concurso, aclara, solo puede ser presentado por el Consejo de Administración o por quien lo reemplaza: el interventor Juan Manuel Alfonsín.

Y la pregunta que nadie responde aún es si el interventor estará dispuesto a hacerlo. «Lo tenemos que hablar ahora que pudimos traer esto a la conversación», dice Luna. La evasión de ese debate hasta aquí, sostiene, habla de intereses que van más allá de la sustentabilidad del servicio: «Si hay más interés en no solucionar el problema que en solucionarlo, ahí hay un interés económico. ¿No?»

Sobre expresiones en plena sesión de colaboradores del bloque oficialista —algunos lo llamaron «traidor»— Luna las recibe con una ecuanimidad que parece genuina. «Sigo ideas, ni color ni partidos. Sigo firme en el mismo paritdo (PRO) y si decido cambiarme, cuál es el problema. Doy mi opinión en base a lo quje neceista la gente y quién tiene el termómetro de lo que piensan los vecinos, nadie».

«¿Traidor a quién? Ni me afecta, pero no me mueve un pelo. Yo sigo ideas, no colores ni partidos. La gente no quiere saber si le soy fiel a un partido. Quiere que le resuelva los problemas… Y si la gente volviera a votar, y quedó demostrado en octubre, cambiaría el color político del Concejo».

Y el problema más urgente, para este concejal, sigue siendo el mismo que era antes de la sesión: una cooperativa que funciona como un barril sin fondo, donde cada aumento tarifario termina siendo absorbido por una estructura que no se toca. «Por más que demos este aumento, la situación no cambia. La próxima discusión salarial lo deja viejo en quince días. Así no se sale».

La salida, insiste Luna, pasa por el concurso. Por sentarse con los trabajadores. Por renegociar el convenio. Por hacer, de una vez, lo que nadie se animó a hacer en veinte años.

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