Tierras raras: quién produce en el mundo y qué recursos tiene la Argentina
Tierras raras: el mineral que China domina y que promete reconfigurar el mapa minero mundial (con la Argentina como jugador de reserva)
A partir del informe «Minerales críticos: Tierras raras» (Año 11, N° 92, julio 2026), elaborado por la Dirección Nacional de Estudios Regionales y de Cadenas de Valor del Ministerio de Economía
Detrás de cada auto eléctrico, cada turbina eólica y cada teléfono celular hay un puñado de elementos químicos con nombres poco conocidos —neodimio, disprosio, terbio, praseodimio— que se volvieron, en los últimos años, una de las piezas más disputadas de la geopolítica global. Se trata de las llamadas «tierras raras», un grupo de 17 elementos metálicos que hoy ocupan un lugar central en la transición energética y en la carrera tecnológica entre potencias. Un informe reciente del Ministerio de Economía de la Nación repasa el estado de este mercado, las estrategias de los principales países productores y el potencial —hasta ahora inexplorado— que tendría la Argentina.
Qué son y por qué importan
Las tierras raras comprenden 17 elementos metálicos (15 lantánidos, más itrio y escandio) que se clasifican en «livianos» (del lantano al gadolinio) y «pesados» (del terbio al lutecio), estos últimos más escasos en la naturaleza. Pese a su nombre, no son geológicamente escasas: se encuentran en más de 200 minerales distintos. El problema es otro: rara vez aparecen en concentraciones y condiciones que permitan una explotación económicamente viable, y su separación requiere procesos tecnológicos complejos. Generalmente se extraen como subproducto de la explotación de otros minerales, como el hierro, el uranio o el estaño.
Su relevancia actual está directamente ligada a la fabricación de imanes permanentes de alto poder —los llamados «superimanes»—, componentes clave en motores eléctricos y turbinas eólicas, además de su uso en baterías, iluminación y refrigeración. La industria de los imanes ya desplazó a la del vidrio como principal demandante de estos elementos: en 2022 representó el 26% del volumen utilizado y el 74% del valor comercializado, una participación que se proyecta en 40% y 90%, respectivamente, para 2033. Cuatro elementos —neodimio, praseodimio, disprosio y terbio— concentran ya el 96% del valor de la demanda mundial.
El mercado: China arriba, pero ya no sola
El dato que ordena todo el tablero es el dominio chino sobre la cadena de valor completa. China concentra el 52% de las reservas mundiales, el 70% de la producción minera, el 91% de la refinación y el 94% de la fabricación de imanes permanentes. El distrito de Bayan Obo, en Mongolia Interior —cuyo mineral principal es en realidad el hierro—, es el epicentro mundial de la extracción y el procesamiento.
Sin embargo, ese liderazgo viene perdiendo terreno relativo. Entre 2015 y 2025 la producción mundial de mina se triplicó, pasando de 190.000 a 390.000 toneladas de óxidos de tierras raras (OTR), y aparecieron nuevos actores: Estados Unidos ya aporta el 13% de la producción global y Australia el 7,5%. Un caso particular es Myanmar, responsable de buena parte de la extracción de disprosio y terbio, donde la inestabilidad geopolítica en la frontera con China desde fines de 2024 introduce un riesgo adicional para la oferta y los precios mundiales.
En materia de reservas, el podio cambia: China conserva el primer lugar (52%), pero Brasil aparece como una sorpresa con el 25%, muy por delante de Australia (7%). Ese dato explica buena parte del atractivo que Brasil despierta hoy entre inversores y gobiernos occidentales.
Los precios, mientras tanto, reflejan la tensión del momento: el óxido de neodimio-praseodimio —componente central de los imanes de alto rendimiento— promedió 109,1 dólares por kilo entre enero y abril de 2026, un salto interanual del 84,7%, explicado por inventarios más ajustados y por las restricciones comerciales que China aplicó en el marco de la guerra comercial con Estados Unidos.
La guerra fría de los minerales críticos
El informe dedica un capítulo entero a describir cómo los principales países se están moviendo para asegurar el suministro. China avanzó en 2024 con un Reglamento de Gestión de Tierras Raras que refuerza la propiedad estatal de los recursos y crea un sistema de cuotas y trazabilidad; en paralelo, impuso y luego suspendió controles de exportación sobre varios elementos, en un pulso directo con Washington.
Estados Unidos, por su parte, aceleró en 2026 su ofensiva diplomática y financiera. En febrero organizó la Cumbre Ministerial de Minerales Críticos, donde impulsó la creación de FORGE (Foro de participación sobre recursos y geoestrategia), sucesor de la antigua Minerals Security Partnership, y anunció el «Proyecto Vault»: una reserva estratégica de más de 50 minerales críticos, financiada con un préstamo de 10.000 millones de dólares del EXIM Bank y hasta 2.000 millones adicionales de capital privado, con empresas como General Motors, Stellantis, Boeing, GE Vernova y Google ya anotadas para participar. En esa misma cumbre, Washington firmó once nuevos marcos o memorandos de entendimiento sobre minerales críticos con países como Argentina, Perú, Ecuador, Marruecos o Emiratos Árabes Unidos.
Australia eligió otro camino: consolidarse como alternativa «confiable» a China apoyada en estándares ambientales y de gobernanza, con un fondo de reconstrucción nacional (NRF) de 15.000 millones de dólares australianos y proyectos concretos en marcha, como la refinería de Eneabba (la primera totalmente integrada del país, con inicio de operaciones previsto para 2027) y la planta de Lynas Rare Earths en Kalgoorlie, ya operativa desde 2024 y la más grande fuera de China.
Brasil, mientras tanto, avanza en la construcción de una Política Nacional para Minerales Críticos y Estratégicos, con foco en la industrialización doméstica, y mantiene conversaciones abiertas tanto con Estados Unidos como con la Unión Europea, sin descartar tampoco asociaciones con China, en lo que el propio informe describe como una postura de «autonomía estratégica».
La Argentina: mucho potencial, cero producción
Acá el panorama cambia de escala. La única producción histórica registrada en el país es casi una curiosidad de archivo: entre 1954 y 1956 se recuperaron apenas 1.010 kilos de monacita en la mina Teodesia, en Valle Fértil, San Juan. Desde entonces, no hubo exploraciones significativas orientadas específicamente a tierras raras.
Con esos datos limitados, los recursos identificados en el país apenas alcanzan las 190.000 toneladas, concentradas sobre todo en San Luis (54%), Río Negro (22%) y Salta (18%). Pero el informe destaca un dato que cambia la lectura: simulaciones del SEGEMAR basadas en esos mismos hallazgos proyectan un potencial de recursos de 3,3 millones de toneladas, es decir, 17 veces más que lo efectivamente identificado. El mayor potencial geológico se ubicaría en las Sierras Pampeanas (San Luis, Córdoba y Santiago del Estero), seguido por la Mesopotamia (Misiones y Corrientes).
Río Negro concentra el segundo stock de recursos identificados del país, con 42.500 toneladas de ETR asociadas al yacimiento de Sierra Grande, el mismo distrito históricamente conocido por sus reservas de hierro. Se trata de un mineral de baja ley (0,02%), lo que anticipa desafíos de escala y costo para una eventual explotación, pero confirma que la provincia integra el reducido mapa de sitios con presencia comprobada de tierras raras en la Argentina, junto con San Luis, Salta, Córdoba, Jujuy, San Juan, Buenos Aires y Santiago del Estero.
Chubut: la meseta con recursos sin explorar y sin voz técnica
El informe nacional no incluye a Chubut entre las provincias con recursos identificados de tierras raras, pero la evidencia de campo indica que la provincia guarda un potencial que hasta ahora nadie terminó de dimensionar. Según un relevamiento publicado por Radio Chubut en abril de 2025, en la meseta chubutense hay tierras raras codiciadas específicamente por la industria aeronáutica, entre ellas el renio, uno de los metales más escasos del planeta, que no aparece en estado puro sino mezclado con molibdeno —también muy demandado por la industria química y metalúrgica—. El renio se utiliza en componentes de naves aeroespaciales porque resiste temperaturas extremas gracias a un punto de fusión superior a los 3.000 grados.
Esas tierras raras aparecen, además, asociadas geológicamente al uranio, un recurso con fuerte presencia en la meseta patagónica, particularmente en las cercanías de Paso de Indios. Allí se ubica Cerro Solo, uno de los yacimientos de uranio más relevantes del país, hoy bajo jurisdicción de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA).
La geóloga Nilda Marveggio, especialista de la CNEA que investiga la zona desde la década de 1990, sostuvo en ese relevamiento que la existencia de uranio en Chubut está probada y que su aprovechamiento podría garantizarle al país soberanía energética, en tanto se trata del insumo básico de la industria nuclear. Según su planteo, tanto la energía eólica como la solar —presentadas habitualmente como las alternativas más limpias— no alcanzan hoy para cubrir la demanda de las grandes industrias.
La especialista también señaló que, pese a los años de estudios geológicos acumulados sobre la región, los profesionales de la CNEA nunca fueron convocados para opinar sobre las decisiones de política minera provincial, algo que remarcó como una ausencia llamativa tratándose de conocimiento técnico y no de una discusión de índole política. Marveggio aclaró, además, que no existe intención de transferir Cerro Solo a jurisdicción provincial, como en algún momento se había anunciado.
El contraste es elocuente: mientras San Luis, Río Negro y Salta ya figuran en los registros oficiales de recursos de tierras raras y el país firma acuerdos internacionales para posicionarse como proveedor de estos minerales, Chubut permanece fuera de ese mapa pese a contar con indicios geológicos concretos —ligados además a un mineral estratégico como el uranio— y sin que el conocimiento técnico acumulado por especialistas de organismos nacionales como la CNEA haya sido incorporado hasta ahora a la definición de una política minera provincial.
En el plano normativo, la Argentina cuenta con un marco relativamente favorable para atraer inversión minera: el Código de Minería garantiza estabilidad y libre disponibilidad de los recursos a los concesionarios privados; la Ley de Inversiones Mineras ofrece estabilidad fiscal por 30 años y un tope de regalías del 3% al 5%; y el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) —para proyectos de más de 200 millones de dólares— suma beneficios impositivos, aduaneros y cambiarios adicionales, con plazo de adhesión vigente hasta julio de 2027.
En ese contexto se enmarca el paso más concreto dado hasta ahora por el país en esta materia: el 4 de febrero de 2026, en Washington, la Argentina firmó con Estados Unidos un Instrumento Marco para el Fortalecimiento del Suministro en Minería y Procesamiento de Minerales Críticos, en el marco de la Cumbre Ministerial convocada por el Departamento de Estado. El acuerdo no implica financiamiento asegurado ni proyectos en marcha, pero sí abre la puerta a cooperación en mapeo geológico, reciclaje y simplificación de trámites, además de buscar posicionar al país como «proveedor confiable» frente a la demanda global creciente.
El desafío de fondo
Más allá de las cifras y los acuerdos, el informe deja una tensión de fondo sin resolver: se estima que la demanda mundial de tierras raras crecerá a un ritmo cercano al 4% anual hasta 2033, impulsada casi enteramente por la electrificación del transporte y la energía eólica. El aumento proyectado de la oferta alcanzaría para cubrir el excedente de los elementos más comunes (cerio y lantano), pero sería insuficiente para satisfacer la demanda de los materiales usados en imanes —neodimio, praseodimio, disprosio y terbio—, justamente los más críticos y los que China controla con mayor firmeza.
Para países con recursos geológicos identificados pero sin producción activa, como la Argentina, ese desbalance representa tanto una oportunidad como una prueba: la de si son capaces de traducir el potencial en proyectos concretos antes de que el resto del mundo termine de acomodar sus fichas.
Fuentes: «Minerales críticos: Tierras raras», Informes de Cadenas de Valor N° 92, Dirección Nacional de Estudios Regionales y de Cadenas de Valor, Subsecretaría de Análisis y Modelación Económica, Secretaría de Política Económica, Ministerio de Economía de la Nación (julio de 2026); Radio Chubut, «Entre las riquezas sin explotar que hay en el suelo chubutense, figuran ‘tierras raras’ buscadas por la industria aeronáutica» (28 de abril de 2025).







