A 30 años de la marcha a Gastre
A 30 años de la marcha a Gastre: la movilización que frenó el basurero nuclear y marcó la historia ambiental de Chubut
El 17 de junio de 1996 quedó grabado en la memoria colectiva de Chubut como una de las mayores expresiones de participación ciudadana que haya vivido la provincia. Miles de personas recorrieron cientos de kilómetros por la meseta para llegar hasta Gastre y manifestar su rechazo al proyecto impulsado por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) que pretendía instalar un repositorio de residuos radiactivos en cercanías de la localidad.
A tres décadas de aquella histórica jornada, la movilización continúa siendo recordada como un punto de inflexión en la construcción de la conciencia ambiental de la Patagonia y como un antecedente de las posteriores luchas socioambientales que se desarrollaron en la región.
Según reconstruye una extensa crónica publicada por agenciatierraviva.com.ar, la denominada «Marcha a Gastre» fue el resultado de diez años de resistencia social frente a un proyecto que había comenzado a gestarse en la década de 1980 y que contemplaba la posibilidad de depositar residuos radiactivos de alta actividad en Sierra del Medio, a unos 70 kilómetros de Gastre.
La oposición al emprendimiento fue encabezada por el Movimiento Antinuclear del Chubut (MACH), organización surgida a partir del trabajo del reconocido ambientalista Javier Rodríguez Pardo, considerado uno de los principales referentes de la lucha antinuclear en la Argentina.
La movilización reunió a estudiantes, docentes, organizaciones sociales, vecinos y representantes de distintas localidades de Chubut y de otras provincias patagónicas. La caravana partió desde Trelew durante la madrugada y avanzó por los caminos de ripio de la meseta hasta llegar a Gastre, en una demostración de fuerza ciudadana que logró trascender las fronteras provinciales y ocupar espacios centrales en los medios nacionales.
La protesta se produjo en un contexto político complejo. Durante la presidencia de Carlos Menem, el Congreso avanzaba con iniciativas que otorgaban facultades a la CNEA para definir el emplazamiento de instalaciones destinadas al almacenamiento de residuos nucleares. El temor de amplios sectores de la comunidad era que la Patagonia terminara convirtiéndose en receptora de desechos radiactivos provenientes incluso de otros países.
La repercusión de la marcha fue inmediata. El rechazo social obligó a revisar el proyecto y terminó consolidando cambios normativos que fortalecieron la participación de las provincias en cualquier decisión vinculada con la instalación de repositorios nucleares.
Además, la experiencia de Gastre tuvo impacto en la legislación ambiental. En Chubut ya se había incorporado a la Constitución provincial la prohibición del ingreso, transporte y depósito de residuos radiactivos de origen extraprovincial, mientras que años después la Constitución Nacional también establecería la prohibición del ingreso al territorio argentino de residuos radiactivos.
Para muchos protagonistas de aquella gesta, la movilización representó mucho más que la oposición a un proyecto puntual. Significó la demostración de que la organización social podía influir en las decisiones políticas y defender el derecho de las comunidades a decidir sobre su territorio.
Treinta años después, la marcha a Gastre sigue siendo evocada como una de las mayores victorias ciudadanas de la historia reciente de Chubut y como un símbolo de la defensa del ambiente en la Patagonia.
Fuente: Crónica de Pablo Lada para Revista Sudacas. Publicado en agenciatierraviva.com.ar.





