Dos años preso por una falsa denuncia
El calvario de Martiniano Correcher: sobrevivir a una falsa denuncia y su lucha por la justicia
En una reciente e impactante emisión del programa HISTORIAS DE HOY NOTICIAS DE AYER, conducido por Bruno Sancci a través del aire de LU20 Radio Chubut, se dio a conocer en profundidad el desgarrador testimonio de Martiniano Correcher. Este joven vivió una auténtica pesadilla al ser falsamente acusado de un salvaje asalto sexual con acceso carnal, un delito que jamás cometió pero que le arrebató casi dos años de libertad en una cárcel para adultos.
La historia de Martiniano es el reflejo de las graves fallas de un sistema judicial que, en ocasiones, condena de antemano. El calvario comenzó cuando apenas tenía 18 años recién cumplidos. Durante la entrevista con Sancci, el joven relató el profundo dolor que sintió el día que los patrulleros llegaron a su domicilio para arrestarlo. «Es una mezcla de sentimientos, de emociones obviamente feos, malos, angustia, tristeza», confesó Martiniano, recordando la impotencia de ver a sus padres y a sus hermanos llorando desgarrados mientras se lo llevaban, sabiendo plenamente que era inocente. Pasó exactamente un año, nueve meses y 16 días privado de su libertad hasta que, gracias a pruebas contundentes y testigos clave que demostraron la mentira, la verdad finalmente salió a la luz y pudo ser liberado.
El horror detrás de las rejas
El crudo relato expuso sin filtros las deplorables realidades del sistema penitenciario. Sus primeros días transcurrieron en la Unidad de Contención del Aprehendido (UCA) en la provincia de Córdoba, un lugar que describió como completamente inhumano. Allí, convivía en celdas pequeñas que albergaban a 50 reclusos apilados unos sobre otros, en un espacio más reducido que un aula escolar. Las condiciones de encierro eran extremas: no veían la luz del día, estaban rodeados de cucarachas y se veían obligados a respirar constantemente el humo de los cigarrillos.
Para poder sobrevivir en ese entorno violento, Martiniano se vio forzado a mentir sobre el verdadero motivo de su detención. Como los casos de delitos sexuales, etiquetados legalmente como de «instancia privada», son castigados severamente por los propios internos, tuvo que decirle al resto de los presos que estaba allí por robo, para así evitar recibir maltratos físicos y verbales. Posteriormente, fue trasladado a la cárcel de Cruz del Eje, donde fue alojado en el pabellón 11.
La traumática experiencia de tener que cruzar el pasillo central del penal, siendo observado por los reclusos de otros pabellones, le impuso mucho temor. Afortunadamente, al llegar a su sector, fue recibido y aconsejado por un hombre mayor de unos 75 años que lo ayudó a acomodarse y evitar problemas con los demás. A pesar de mantener intacta la fe en su inocencia, Martiniano confesó que sintió un profundo miedo al conocer las historias de otros presos que, siendo inocentes y teniendo pruebas a su favor, llevaban años condenados debido a la corrupción del sistema.
El impacto familiar y si derecho a la educación
Durante su encierro, Martiniano contabilizó celosamente cada hora y cada una de las 94 visitas que recibió de su familia. Sin embargo, el daño psicológico se multiplicó debido a que la justicia le prohibió terminantemente ver a su hermano menor durante todo el proceso. «Le di un abrazo, le dije ‘te amo’ y no lo vi hasta el día que salí», relató con mucho dolor al recordar la prohibición de recibir visitas de menores de edad.
La desesperación ante la falta de respuestas llevó a su familia a tomar medidas extremas, como cuando su madre tomó la decisión de encadenarse en la Casa Rosada para suplicar que revisaran la causa. A pesar de estar en una prisión de adultos, el joven demostró una resiliencia inquebrantable: con el apoyo de algunos profesores solidarios, logró culminar su último año de escuela técnica realizando y enviando trabajos prácticos desde el interior de la cárcel.
Víctimas colaterales y la lucha contra la impunidad en el Senado
El efecto devastador de esta mentira también destruyó temporalmente la vida de tres de sus amigos, quienes resultaron involucrados en la misma causa y terminaron encerrados en un instituto de menores, donde incluso tuvieron que enfrentar peligrosos motines.
Uno de ellos, al intentar retomar su rutina escolar tras ser liberado, sufrió una grave discriminación por parte del director de su colegio, quien tomó una postura parcial y permitió que lo hostigaran hasta obligarlo a abandonar la institución, quitándole así su derecho a educarse.
Mientras las vidas de estos jóvenes fueron destrozadas, la chica que inventó la denuncia y sus padres, quienes operaron como testigos de la mentira, gozan en la actualidad de total impunidad y, según comentaron en el programa, tendrían intenciones de irse a vivir a otro país.
Durante la emisión, se debatió sobre la enorme desproporción legal que existe frente a estas situaciones: la actual ley de falso testimonio en Argentina data del año 1921 y apenas sanciona estas graves acciones con multas irrisorias de 7.000 pesos o unas pocas horas de trabajo comunitario. «Si a mí me quisieron dar 12 años por esta falsa denuncia, ¿por qué no le pueden dar 12 años a la otra parte?», reclamó Martiniano.
Para buscar un cambio real ante estas leyes que calificó como una «burla«, Martiniano llevó su reclamo al Senado de la Nación el pasado 7 de abril, donde expuso su experiencia junto a otras víctimas que pagaron injustamente por denuncias armadas. Fue precisamente en ese evento en el Congreso donde se conoció personalmente con el periodista Bruno Sancci. El encuentro formó parte de un espacio contra las falsas denuncias, donde se destacó el rol fundamental de la senadora Carolina Losada, quien se encuentra impulsando activamente un proyecto de ley que castigue con penas mucho más altas a quienes mienten para arruinar vidas.
El testimonio de Martiniano resuena hoy no solo como una historia de supervivencia, sino como un fuerte llamado de atención para que las víctimas de falsas acusaciones no se rindan y eviten convertirse, tal como él mismo advirtió, en «un número más» archivado dentro de un expediente.





